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Las amistades peligrosas del excomisario Corrochano

Antes de estar vinculado a Villarejo, el exjefe de seguridad del BBVA tenía fama de ser uno de los mejor relacionados

El excomisario general de Policía Judicial Julio Corrochano a su llegada este viernes a la Audiencia Nacional.
El excomisario general de Policía Judicial Julio Corrochano a su llegada este viernes a la Audiencia Nacional. EFE

La carrera policial de Julio Corrochano comenzó a mediados de los años 70. Hijo de un guardia civil de El Álamo (Madrid), dejó los estudios en el seminario para ponerse el uniforme e ingresar en el Cuerpo Nacional de Policía (entonces Cuerpo General de Policía). Prestó servicios en el cuerpo durante casi 30 años, hasta 2002. Por aquel entonces era ya un reconocido Jefe Superior de Madrid catapultado en su carrera por haber recuperado los cuadros robados por la banda de Casper a la empresaria Esther Koplowitz. En agosto de 2001, tres individuos entraron en casa de la conocida aristócrata y se llevaron 19 cuadros de gran valor, entre los que se encontraba El Columpio, de Goya, con un precio estimado de 12 millones de euros.

De aquella le ascendieron a jefe de la Comisaría General de Policía Judicial (CGPJ) y fue entonces, en 2002, cuando cedió a la tentación de la seguridad privada, seducido por una oferta del BBVA que no quiso rechazar. Desde entonces ejerció de jefe de seguridad del segundo banco español y se convirtió en el hombre de confianza para el presidente de la entidad, Francisco González.

Corrochano entró a formar parte del selecto grupo de personas de confianza del presidente de la entidad. Llegó a tener grandes cotas de poder en el banco y fue el responsable de los equipos de escolta del presidente y de los altos cargos de la entidad. En abril de 2016, tras organizar la junta de accionistas, se acogió a la prejubilación y, un mes después, se publicaron las primeras facturas de pagos a Villarejo por supuestos trabajos para el banco. Semanas después se publicaron conversaciones de Corrochano con el comisario en las que el primero le urgía a que le entregara diferentes informaciones.

Supuestamente, Corrochano contrató los servicios de la empresa de investigación Cenyt, ligada a Villarejo, presuntamente para obtener informes sobre algunos miembros del Gobierno, la empresa Sacyr, periodistas o el director de Ausbanc, Luis Pineda.

En el cuerpo, no obstante, Corrochano tiene fama de jefe leal, “defensor de sus compañeros” y de policía comprometido: “Le gustaba estar en primera línea de todo aquello que afectaba a su cargo”, cuentan quienes le han conocido y le recuerdan acudiendo a los sitios de madrugada.

Antes de ser Jefe Superior de Madrid, lo fue de la Unidad Central Operativa de Información en el País Vasco en los tiempos duros de ETA y también de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), conocida popularmente como “los fontaneros”, es decir, los que facilitan asistencia (balizas, micros, aparatos electrónicos de toda índole) a los distintos operativos policiales. Durante un tiempo su segundo fue Enrique García Castaño, El Gordo, implicado con Villarejo en la Operación Tándem (presunta trama de agentes que usaron información policial para lucrarse) y que le sucedió durante años en ese delicado puesto. De ahí su buena amistad, según relatan fuentes policiales.

Puede que fuese por ser hijo de Guardia Civil o por propia naturaleza, pero en contra de los habituales desencuentros entre azules y verdes, Corrochano mantenía excelentes relaciones con los mandos del cuerpo benemérito; y tiene fama de ser un gran relaciones públicas: “Era un tío muy simpático, se sabía llevar bien con todo el mundo, guardias civiles, policías municipales, jueces, fiscales, periodistas…”, recuerdan sus compañeros.

Villarejo lleva en prisión provisional desde noviembre de 2017. El Gordo continúa imputado en la causa que se sigue en la Audiencia Nacional tratando de explicar en sus distintas declaraciones el origen y el destino de al menos 600.000 euros hallados en sus cuentas personales y algunas propiedades. Ahora, este viernes, el juez acaba de imponer una fianza de 300.000 para el exjefe de Seguridad del BBVA. La Justicia trata de aclarar a cuánto ascendieron los importantes pagos (la entidad reconoce más de 10 millones) del banco a Villarejo y si los informes recibidos a cambio de ese dinero tienen un carácter lícito o no y hasta qué punto Corrochano y el banco conocían el origen de los mismos así como la manera en la que eran obtenidos.

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