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Crisis industrial

El gobierno de España se permite el lujo de demonizar los coches diésel, que suponen el 15% de nuestras exportaciones, sin un plan alternativo para comprar coches eléctricos

Rollos de acero en la planta siderúrgica ArcelorMittal en Sestao (Bizkaia).
Rollos de acero en la planta siderúrgica ArcelorMittal en Sestao (Bizkaia). REUTERS

Desde el 2012 con un crecimiento intenso del comercio mundial, petróleo barato, euro infravalorado y tras una intensa devaluación salarial la industria exportadora junto al turismo han sido los principales motores de la recuperación y el crecimiento en España. Desde 2017 el comercio mundial se ha frenado y nuestras exportaciones de bienes también. Especialmente preocupante es el sector del automóvil, el 5% del PIB, y cuya producción está cayendo este año un 6%.

También preocupante es la situación de la industria electrointensiva que sufre en muchos casos los excesos de capacidad mundial, como es el caso del acero. En Asturias se estima que el 10% del empleo está amenazado, la mayoría en el sector industrial que arrastraría al sector servicios y se sumaría al cierre del carbón que ha tenido fuerte impacto sobre las cuencas mineras.

Y todo es susceptible de empeorar. La Reserva Federal se prepara para bajar los tipos de interés ante la recesión que se avecina en EE UU, lo cual tendrá un impacto negativo sobre el comercio mundial y nuestras exportaciones. La bajada de tipos apreciará el euro y encarecerá nuestras exportaciones. Y la mega subida del salario mínimo ha normalizado las subidas de salarios en España hasta el 2,5%. Por lo tanto los salarios en dólares de nuestra industria se encarecen. El precio del petróleo debería caer pero no lo suficiente para compensar los efectos contractivos anteriores. Y la desglobalización, liderada por Trump, complicará nuestras exportaciones de bienes fuera de la Unión Europea.

A esto tenemos que sumar los cambios estructurales que está provocando el cambio tecnológico y los cambios de hábitos de los consumidores. Las ventas de coches en EE UU y en China caen desde 2017 con un crecimiento del PIB del 6%. En Singapur ya hay taxis sin conductor. China lidera la transición al coche eléctrico con un plan de política industrial y tecnológica, Made in China, cuyo objetivo es ser lideres tecnológicos en 2025 y lo están cumpliendo. Y la guerra económica mundial se juega en la inteligencia artificial donde España va muy retrasada.

En España la revolución solar y la concentración del comercio mundial por el estrecho de Gibraltar nos favorece pero el plan de política industrial y tecnológica ni está ni se le espera. Rajoy recortó un 70% la inversión en infraestructuras e I+D+i y Sánchez en sus presupuestos fallidos priorizó el aumento del gasto corriente condenando la inversión a mínimos en décadas.

En este escenario tan complejo el gobierno de España se permite el lujo de demonizar los coches diésel que suponen el 15% de nuestras exportaciones, sin un plan alternativo para comprar coches eléctricos como si tiene el gobierno chino. El Gobierno tiene como pilar de su acción política la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Pero de momento están principalmente en el relato. En la acción de la Agenda priorizan el objetivo 13 de acción por el clima y la reducción de emisiones contaminantes por delante del objetivo 8 de trabajo digno y crecimiento económico y el 9 de industria, innovación e infraestructuras. Veremos.

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