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Las empresas pisan el acelerador de los ERE

Más de una veintena de compañías afronta ajustes ante la incertidumbre económica, la digitalización y los cambios legislativos

Empleados saliendo de la sede de CaixaBank en Barcelona.
Empleados saliendo de la sede de CaixaBank en Barcelona.

El año no ha podido empezar peor para el empleo. Grandes empresas como Vodafone, Caixabank o Cemex han anunciado que van a prescindir de casi 4.000 trabajadores en España. Unos ajustes que se suman a los ya iniciados por otras compañías como Alcoa (que acaba de firmar una tregua de seis meses para su desmantelamiento en Galicia y Asturias), Naturgy, Unicaja, Esteve, Lacoste, Douglas, Adolfo Domínguez, H&M, Havas Media, Transportes Martínez, Unipost, Europistas, Vestas... y los que están previstos en Banco Santander o en las térmicas de Endesa por poner ejemplos.

El fantasma de los expedientes de regulación de empleo (ERE) vuelve a amedrentar a unas plantillas que aún no se han recuperado de la devastación que produjo la Gran Recesión. “Vivimos tiempos convulsos, de mucha inestabilidad, en los que las empresas están descontando que la evolución de la economía no va a ser buena”, sostiene el responsable del área laboral de Baker McKenzie, David Díaz. Preocupan los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, del Brexit y de la subida de los tipos de interés en Europa. Y, dentro de casa, la incertidumbre política, el incremento impositivo proyectado por el Gobierno y la vuelta de tuerca que se le quiere dar a la reforma laboral del PP, a la que las empresas “se están anticipando con las reestructuraciones de personal por lo que pudiera venir desde el ámbito legislativo”, aprecia el abogado.

Coincidencias

Aunque Díaz no piensa que los despidos colectivos vuelvan a convertirse en la moneda de cambio más utilizada, como ocurrió durante la crisis, sí cree que en 2019 se destruirá empleo. Federico Durán, catedrático de Derecho del Trabajo por a Universidad de Córdoba y of counsel de Garrigues, no se muestra tan pesimista. Habla de coincidencia en el tiempo de varios procesos importantes, “pero el ajuste de calado ya se ha hecho”, dice. En su opinión, los españoles “tenemos que acostumbrarnos a que las reestructuraciones empresariales no sean patologías sino fisiologías. Procedimientos que forman parte de la normalidad de las compañías”.

45.000 empleados se vieron afectados entre enero y octubre de 2018 por reestructuraciones

Pero nada más lejos de la realidad. Los despidos asustan y hay quien piensa que los buenos gestores los pueden evitar. Se refieren a Vodafone, que afronta su tercer ERE desde 2011. “Si no fuera tan barato despedir, los directivos no tomarían medidas a la ligera”, afirma el sindicalista de CC OO, Joaquín Ferreira. A su juicio, “cuando se empiezan a anunciar despidos, hay un efecto llamada que todos quieren seguir”. La operadora telefónica, no obstante, justifica su decisión de prescindir de 1.200 trabajadores alegando que los cambios producidos en el mercado de las telecomunicaciones, que se ha convertido en un negocio low cost, hacen imposible sostener una estructura tan grande (5.200 personas) para mantener las inversiones y poder competir.

“Donde más despidos colectivos estamos viendo es en el comercio, el sector de comunicación, oficinas, transportes y finanzas”, asegura Gonzalo Pino, secretario de Política Sindical de UGT. “Pero no creo que los ERE vuelvan con la misma intensidad que tuvieron durante la crisis”, agrega. Pino considera que el cambio de Gobierno, las modificaciones que se esperan en la reforma laboral de 2012 y la posibilidad de recesión que se anticipa no justifican por sí solos las reestructuraciones de plantillas que se están acometiendo actualmente. “Tengo la sensación de que tienen más que ver con la necesidad de las empresas de competir en un mundo cada vez más exigente, en el que la digitalización está deteriorando y precarizando el empleo. En algún momento tendremos que plantearnos qué beneficios aportan al bien común las nuevas empresas y servicios que están surgiendo con la digitalización de la economía, que lo único que nos proporcionan es tiempo mientras se destruye empleo. ¿Para qué vamos a querer ese tiempo cuando no tengamos trabajo?”, se cuestiona.

La digitalización está afectando de lleno al sector bancario que, desde que arrancara la crisis, no ha dejado de despedir gente y cerrar oficinas. “El sector se ha reducido en más de 85.000 personas. Han salido más de 120.000, pero han entrado cerca de 30.000, gente más joven y que responde a los nuevos perfiles que necesita la banca para su transformación”, sostiene José María Martínez, secretario general de la Federación de Sercicios de CC OO.

El margen no perdona

Caixabank ha sido la última en anunciar un nuevo ERE de 2.147 personas, Unicaja ha acordado cerca de 800 prejubilaciones y movilidad geográfica para 200 empleados, el expediente de Bankia sigue abierto y ahora queda por ver el que pondrá en marcha Banco Santander tras la absorción del Popular. “La experiencia dice que, tras los ajustes, las entidades vuelven a tener la plantilla previa a la fusión cinco años después”, indica Martínez.

Las estadísticas oficiales hasta el mes de octubre de 2018 no dan cuenta de la cantidad de expedientes de regulación de empleo que se han abierto en los últimos meses del año y los primeros compases de 2019, pero mientras el número de empresas y procedimientos caían respecto a 2017 (el 24% y el 14%, respectivamente), el número de empleados afectados apenas se movía: 45.000. Y todo lleva a pensar que, aunque no nos enfrentemos a un proceso generalizado de despidos colectivos como durante la crisis, estas cifras van a aumentar. Eso sí, “en la oleada de ajustes a partir de 2008, las condiciones de salida eran mucho más cicateras. Hoy la indemnización media puede estar entre 30 y 35 días por año trabajado y las prejubilaciones se realizan a partir de los 58 años”, indica Durán.

 

Las curvas del automóvil

Nadie se salva. Los fabricantes de coches no entienden que se haya puesto fecha de caducidad a los motores diésel. Las plantas españolas sufren el parón de las ventas y la producción y están inmersas en expedientes de regulación de empleo temporales mientras se adaptan a una mayor fabricación de motores de gasolina. Porque, según Joaquín Ferreira, responsable del sector en la Federación de Industria de CC OO, “salvo Renault, que solo ha parado un día, nadie se había preparado para el cambio”. Y tampoco para el coche eléctrico, que pasará de largo España, puede que a excepción de Opel. Los paros temporales, de momento, se extienden a las empresas auxiliares.

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