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Galicia se queda sin capitanes para sus barcos

El sector de la pesca, que genera más del 2% del PIB de la región y da trabajo a más de 100.000 personas, no encuentra relevo para la generación del ‘baby boom’, que ha comenzado a jubilarse

El patrón Cristian Painceira, de 29 años, en el puerto de Cariño (A Coruña) este viernes.
El patrón Cristian Painceira, de 29 años, en el puerto de Cariño (A Coruña) este viernes.

Fue hace tres semanas cuando el Nuevo San Juan, un barco palangrero de 31 metros de eslora, se tuvo que quedar amarrado varios días en el puerto de Burela (Lugo, 9.500 habitantes). Los armadores querían enviarlo cuanto antes al Gran Sol, un caladero de merluza y gallo del Atlántico norte situado al oeste de Reino Unido, pero la hija del capitán del buque cayó enferma y él decidió quedarse en el hospital. No hubo quien lo sustituyera. El imprevisto puso de relieve la escasez de personal que lleva años asolando la flota gallega: el sector de la pesca, que genera más del 2% del PIB de la región y da trabajo directo e indirecto a más de 100.000 personas —según datos de la Xunta—, no consigue relevar a los primeros jubilados del baby boom, la generación que se creó en España a raíz de unos 650.000 nacimientos anuales entre finales de la década de los 50 y los 70.

En la mar, donde las jubilaciones comienzan a llegar a los 55 años, las empresas llevan una década sufriendo para encontrar jóvenes dispuestos a pasar en muchos casos largas temporadas a bordo sin más contacto con el mundo que el teléfono y los equipos de Internet con los que cuentan los barcos. La falta de savia nueva en el sector ha provocado más situaciones como la de Burela: buques preparados para zarpar que no salen de puerto. En el de Vigo, por ejemplo, ha habido al menos una decena de casos en el último año en los que durante semanas los navíos retrasaron su partida. "Cuando llegas a parar es porque has agotado todas las posibilidades, y el daño en la cadena de valor es enorme", opina Javier Touza, presidente de la Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo (ARVI). La situación, unida a la coyuntura económica que el sector ha afrontado durante la crisis, ha enviado a cientos de barcos al desguace: si este año Galicia cuenta con 4.375 buques de pesca de gran altura, altura y bajura, hace una década eran 4.911, un 12% más, según la Xunta.

La escasez de personal afecta a todos los puestos: capitanes, jefes de máquinas, otros oficiales y marineros. Las condiciones de la vida en la mar, donde se llegan a pasar siete meses sin tocar tierra, como en el caladero de Malvinas, en el sur del océano Atlántico, no atraen a los jóvenes. Pascual Ares, profesor de la Escuela Náutica de Vigo, calcula que un 40% de las personas que cursan ciclos para trabajar en las máquinas del barco prefieren quedarse en tierra, en plataformas o naves congeladoras: "Y muchos de los que tienen que ir en el puente de mando [desde donde se dirige el buque] prefieren embarcaciones recreativas. Coger yates de gente adinerada en Mallorca, Menorca, Marsella... Cobran bien y no se pasan temporadas largas sin ver a sus familias".

Uno de los principales armadores de Vigo —prefiere no dar su nombre— relata que lleva casi una década sufriendo con las jubilaciones, con unos cuatro oficiales que se retiran de sus barcos cada año en cuanto tienen la antigüedad suficiente para cobrar la pensión. "Algunas veces incluso tuve que hablar con sus mujeres y pedirles por favor que les dejen embarcar una marea más. Algunos acceden, pero la mayoría están cansados y prefieren disfrutar de la familia después de una vida fuera", dice. Para que los jóvenes vuelvan a ver el atractivo de la mar, la Asociación Española de Titulados Náuticos Pesqueros (Aetinape) cree que las empresas deberían invertir más en su futuro capital humano: "Que den relevos más cortos, nada de mareas de siete meses, que modernicen los buques con mejores equipos de Internet y que suban los sueldos de los puestos más bajos: si van a pagar 1.500 euros a un engrasador o a un marinero, van a preferir quedarse en tierra cobrando 1.200", dice José Manuel Muñiz, presidente de la asociación.

Desde Aetinape apuntan a otro motivo por el que las nuevas generaciones escapan de la mar: los 12 meses de prácticas que los alumnos deben cursar en un buque para obtener el título profesional. "Las escuelas están llenas", apostilla Muñiz, "pero el problema es que hay un cuello de botella con las prácticas porque la mayoría de los armadores se resiste a llevar a becarios y hay muchísima gente atrapada en esta situación". Aunque hay quienes prefieren trabajar en tierra tras terminar sus estudios náuticos, solo entre las tres principales escuelas de Galicia (Vigo, Ferrol y Ribeira) ya tienen más de 400 estudiantes, una cifra alta, según datos de la Consellería do Mar. "Nunca los centros estuvieron tan llenos", insiste Muñiz.

En varias escuelas trabajó durante más de tres décadas Vicente Yáñez, un docente jubilado de 71 años. Yáñez, que estuvo embarcado entre 1968 y 1983, también opina que las condiciones de las prácticas, que están reguladas por el real decreto 36/2014 y el Convenio Internacional STCW-F —que España firmó en 1995—, se han convertido en otro problema para el sector: "Casi no hay ningún armador que dé prácticas. Lo máximo que ofrecen es un contrato de marinero, descabezando pescado en la cubierta. Así los alumnos no tienen tiempo para las prácticas. Si ya la vida en la mar es dura, si a un alumno salido de la escuela le hacen esto, le falta tiempo para olvidarse de la profesión".

Galicia cuenta este año con 4.375 barcos de pesca; hace una década eran 4.911, un 12% más

Las prácticas son un tema espinoso para los armadores y casi ninguno quiere dar una opinión pública, pero en petit comité la mayoría habla de "flexibilizar" los criterios. Estas establecen que el alumno debe cubrir a bordo el libro de registro de actividades, que este tiene que estar firmado por el capitán, que la duración es de 12 meses y que hay un tutor que supervisa. También implican otro camarote ocupado, es decir, una cama en la que duerme un becario y no un trabajador con experiencia, lo que echa para atrás a muchos empresarios. El presidente de ARVI, que cuenta con más de 200 barcos de los casi 4.400 que tiene Galicia, niega que en su cooperativa no lleven a nuevos trabajadores: "Podría dar una relación pormenorizada de oficiales en prácticas en nuestros barcos, pero hay que flexibilizar los obstáculos burocráticos y estamos trabajando en esto con la administración".

Touza se refiere a las reuniones que han tenido con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación por el nuevo decreto ley que regulará los títulos profesionales de pesca y que ha provocado enfrentamientos públicos entre Aetinape y las patronales. Los armadores quieren aumentar en la norma las competencias profesionales de los oficiales —por ejemplo, la de los patrones de costa polivalentes, que pasarían de dirigir barcos de 24 metros de eslora a 60 millas de la costa a hacerlo con buques de 32 metros a 100 millas—, pero Aetinape y los docentes consideran que es un peligro para la seguridad. "Quieren rebajar el nivel de formación para que más gente en activo pueda ocupar las plazas de mando que ellos necesitan, con los peligros que conlleva. Eso garantiza siniestros, como hace años, cuando los barcos se daban la vuelta por mala práctica marítima", opina Vicente Yáñez.

“Muchos jóvenes prefieren barcos recreativos.  Cobran bien y no se pasan meses sin ver a sus familias”, dice un profesor

El nivel de enfrentamiento se elevó hace dos semanas: Aetinape amenazó públicamente con presentar denuncias ante la Agencia de Seguridad Marítima Europea, la Organización Marítima Internacional y la Comisión Europea si el nuevo decreto otorga más competencias sin mayor formación. Pero la Federación de Cofradías de Pescadores también cree que la solución pasa por ahí. "Los requisitos son grandes incluso para ser marinero. Antes había una enseñanza no reglada que se hacía a pie de puerto que ha desaparecido. Una solución puede ser dar títulos profesionales por la experiencia laboral. Darle más valor a esta que a la formación", dice Basilio Otero, presidente de la federación.

Aunque pocos jóvenes quieren ir a la mar en las condiciones actuales, este lunes embarcará Borja Pérez, de 25 años y natural de Cangas do Morrazo, un pueblo costero de las Rías Baixas, como engrasador en un barco que faena en Malvinas. Pérez, de familia marinera, quiere formar parte de este sector envejecido que contaba en 2015 —la última estadística de la Xunta— con 10.635 personas a bordo de buques. Solo cuatro años antes eran 12.552, un 18% más. La tradición familiar, una balsa salvavidas para el sector, también empujó a Cristian Painceira, de 29 años, a la pesca de bajura, el oficio de su padre. Cada madrugada se levanta en Ortigueira (A Coruña, 6.000 habitantes) para embarcar en el Hermanos Painceira, el barco de la familia en el que trabaja con palangre artesanal con su hermano y su padre para pescar sargos, fanecas y demás pescados de litoral. Painceira, que es mecánico mayor y patrón costero, nunca dudó de que su futuro estaba en la mar: "Yo estoy en esto desde los 18, y siempre lo quise porque fue fácil para mí meterme aquí. Mis amigos me decían que cómo me embarcaba, que es una vida dura, pero yo solo quería trabajar".

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