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El club de los malditos sociales

Las pensiones vuelven por la puerta grande al debate político y, especialmente, al debate electoralista

Un jubilado se ejercita en un parque de madrid.
Un jubilado se ejercita en un parque de madrid.

El Gobernador del Banco de España ha pasado al club de los malditos sociales a manos del Secretario General de UGT. Bienvenido al club, respetado colega.

Se le ocurrió decir hace unos días que los pensionistas tienen viviendas en propiedad. Más de una diría yo. También dijo, que, si se tienen en cuenta esas propiedades, nos encontramos con una oferta ilimitada de servicios en especie que complementan la pensión (ya que esas viviendas están en su mayoría plenamente pagadas). Como puede comprenderse, son méritos más que suficientes para entrar por la puerta grande en el concurrido club al que me refería.

Resulta que las pensiones vuelven también por la puerta grande al debate político y, especialmente, al debate electoralista. Además, arrecian las manifestaciones sobre lo injusto de las pensiones españolas y la necesidad de revertir algunas reformas que se adoptaron para estabilizar al sistema. Justamente, cuando los datos indican que el sistema sigue desestabilizado.

Para más inri, la industria de las pensiones ha vuelto al punto de mira por sus recomendaciones, más que indicadas, de que habrá que pensar en complementar las pensiones con ahorro previsional, como se hace en todos los países avanzados.

Justamente, lo que vino a decir el Gobernador del Banco de España es que no hace falta más ahorro, sino mejor ahorro. Porque el ahorro ya existe, en forma de ladrillos. Solo si supiéramos como convertirlo eficaz y eficientemente en flujos de rentas de jubilación…

Vale, volvamos a indexar las pensiones con la inflación, o, por qué no, con el crecimiento de los salarios. Es muy razonable tratar de preservar el poder adquisitivo de las pensiones frente a la inflación. Pero, entonces, adoptemos el criterio de una tasa de sustitución (pensión/salario) de las pensiones públicas por debajo del 50%, como en Alemania, Francia o Suecia, no por encima del 80%, como en España.

Seguramente, esto es lo que había que haber propuesto en la reforma de 2013, un Factor de Sostenibilidad mucho más agresivo, para compensar a un Índice de Revalorización de las Pensiones más protector. No caímos en ello. Aún estamos a tiempo si el Pacto de Toledo calibra bien lo que puede pasar al revertir la reforma de 2013 sin más.

¿Y los pensionistas pobres? Por supuesto, atendámoslos adecuadamente. Pero no con el sistema de pensiones, que ya paga las pensiones más justas del mundo, si queremos que los trabajadores actuales y futuros sigan confiando en él y deseando cotizar tanto por tantos años como se les exige.

José A. Herce es economista y director asociado de Analistas Financieros Internacionales (Afi)

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