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Draghi mantiene los estímulos pese a la mejora “sustancial” de la recuperación

El presidente del BCE incrementa las previsiones económicas y de inflación para la zona euro

Vítor Constâncio y Mario Draghi, vicepresidente y presidente del BCE
Vítor Constâncio y Mario Draghi, vicepresidente y presidente del BCE REUTERS

Lean mis labios: no, no y mil veces no. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se ha visto obligado este jueves a hacer ejercicio de equilibrismo en Fráncfort: la recuperación es cada vez más sólida, la inflación se acerca lentamente al objetivo, los indicadores de confianza mejoran y, sin embargo, Draghi está decidido a mantener el extraordinario nivel de estímulos monetarios, con tipos de interés inferiores a los de las grandes guerras y un multimillonario programa de compras de activos (QE, por sus siglas en inglés), lo nunca visto en la aburrida Europa alemana de estos tiempos. El BCE, en otras palabras, no termina de verlo claro. ¿Va a acelerar la retirada del QE o a subir tipos si la eurozona sigue creciendo a toda velocidad?, le han preguntado una docena de veces. Y una docena de veces se ha negado en redondo: "Aún es necesario un amplio nivel de estímulos monetarios".

En ese contexto, el BCE ha anunciado este jueves una mejora "sustancial" de sus previsiones. La economía del euro crecerá el 2,4% este año —el mayor ritmo en una década, incluso mayor que el de Estados Unidos—, se mantendrá en el 2,3% en 2018 y bajará al 1,9% en 2019. La inflación también aumenta levemente: cerrará este año en el 1,5%, y repuntará hasta el 1,7% en 2020. La recuperación es cada vez más sólida y el mercado laboral mejora pero, en fin, los precios no terminan de arrancar. "Los salarios están tardando más que en otras recuperaciones en responder a la mejoría del mercado de trabajo", ha admitido Draghi, que desde hace meses pide subidas de sueldos. "El mandato del BCE no es el crecimiento ni el empleo: es la inflación. Y aún no se ven tasas autosostenidas de inflación que se acerquen al objetivo de cerca pero por debajo del 2%". Traducción libre: ni los tipos van a subir ni el Eurobanco va a acelerar la retirada del QE mientras eso no se corrija.

Draghi ha protagonizado una de las ruedas de prensa más aburridas de los últimos años: buena señal, las cosas mejoran y el objetivo declarado de Draghi fue siempre ser terriblemente aburrido. En seis años en el cargo no lo ha conseguido. La peor crisis desde la Gran Depresión le ha obligado a tomar medidas excepcionales para desesperación de Alemania, que ha llegado a acusarle de provocar con ellas el ascenso de la extrema derecha. Draghi se resiste a levantar el pie del acelerador. Las subidas de tipos de interés no llegarán al menos hasta septiembre de 2018. Y el BCE rebajará desde enero hasta septiembre del año próximo las compras mensuales de activos, de 60.000 a 30.000 millones mensuales, pero deja la puerta abierta a seguir con ese volumen más allá de septiembre o a volver a elevarlo incluso "si la inflación o las perspectivas de estabilidad financiera empeoran".

Lejos de la complacencia de otros líderes europeos, el Eurobanco ve el vaso medio lleno, pero no se deja llevar por un optimismo excesivo. La Gran Crisis ha tenido demasiadas vidas como para dejarse caer por esa pendiente. Draghi ha hecho un llamamiento a reformar la eurozona, ha reclamado las inevitables reformas y ha recomendado a los países del euro que aprovechen la recuperación para "reconstruir los colchones fiscales", particularmente a los países con deuda pública más elevada. Pero de momento, el BCE no ve el momento de desandar el camino de las medidas extraordinarias, a pesar de que Estados Unidos acaba de subir (una vez más) los tipos de interés y hace tiempo que retiró el QE. "No hay cambio de lenguaje ni de intenciones", ha resumido Draghi, que justifica la diferencia entre la política monetaria estadounidense y la europea por el hecho de que la recuperación "está en un estadio más avanzado" al otro lado del Atlántico.

Varios consejeros del Eurobanco están cada vez más a disgusto con las políticas de Draghi: los halcones alemanes y holandeses reclaman políticas menos expansivas. "Esa no es la posición del consejo de gobierno", ha zanjado el italiano, "porque nuestro mandato es la estabilidad de precios y aún no se ven tasas de inflación autosostenidas [sin las muletas del BCE] cercanas al 2%". Draghi se va en otoño de 2019. ¿Para entonces cree que pueden haber empezado los incrementos de los tipos de interés? "Sería buena señal: significaría que la inflación mejora y la recuperación es sólida", ha respondido en un requiebro florentino. Decía Keynes que los tipos de interés son la medida del miedo de los banqueros centrales. En Europa siguen en negativo: a Draghi aún no le llega la camisa al cuello. A pesar de los mensajes de Berlín.

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