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Miedo al entierro de la sardina ibérica

Portugal y España negocian la restricción de capturas ante la alerta de los científicos por la extinción de la especie

Sardinas en espeto de un chiringuito de Marbella en 2012.
Sardinas en espeto de un chiringuito de Marbella en 2012.

La península ibérica tiene en peligro de extinción a los dos animales que simbolizan sus países, el toro (España) y la sardina (Portugal). Símbolos de las fiestas populares, mientras el cuadrúpedo apenas afecta a la dieta alimenticia mediterránea, el pez no falta en la mesa portuguesa. Portugal, el mayor consumidor de pescado de la Unión Europea, corre el riesgo de quedarse sin su manjar predilecto. 

Dona Ceucinha tiene los ojos achinados y no porque venga del más allá, sino por las décadas cocinando entre el humo. Se encarga de las brasas en el restaurante lisboeta Último Porto; entre contenedores de la estiba al pie de río, de su parrilla salen asadas las mejores sardinas de la ciudad. Como, de momento, las sardinas no se crían en piscifactoría, Dona Ceucinha no lo sabe pero se puede quedar el próximo año sin el pez que simboliza la ciudad. 

El Consejo Internacional para la Exploración Del Mar (ICES) ha aconsejado a la Comisión Europea que se ponga fin a la captura de la sardina en aguas del Atlántico y del Cantábrico, es decir, la sardina ibérica. El organismo científico asegura que solo el parón absoluto de la captura permitirá regenerar la especie; según sus datos, los planes de reducción de capturas no han tenido éxito. Para Portugal —y en menor medida para España— la noticia es dramática. 

La restricción es un problema ibérico más que europeo. En el volumen total de los caladeros continentales esta especie solo supone el 4% de las capturas; por tanto van a ser los dos países ibéricos quienes se autoimpongan sus propios límites. Esta semana se reunirán autoridades de ambos países para consensuar medidas conjuntas.

La ministra portuguesa del Mar, Ana Paula Vitorino, ya ha garantizado a pescadores y consumidores que no seguirá los consejos del CIES, al menos no en la prohibición absoluta de la captura de la sardina y menos para 15 años. Pero sí va a actuar: “Por primera vez Portugal va a delimitar en sus aguas zonas de no captura de sardina. Probablemente se prohibirá la pesca en los caladeros de la zona centro del país y en la zona norte, las zonas más importantes para la reproducción de la especie”, anunció el miércoles en la Conferencia sobre El Valor de los Océanos que se celebra en Lisboa, pero el viernes, tras reunirse con los pescadores, dio marcha atrás. Se pescará por cualquier parte, aunque se reducirán los días semanales de captura, sobre todo en marzo y abril.

Portugal es el primer consumidor de pescado de la UE y el tercero del mundo tras Islandia y Japón. El portugués come 55 kilos anuales, frente a los 46,2 del segundo, el español, y más del doble que la media de la UE (25,5 kilos), según datos de Eurostat. De media, el portugués se gasta al año 311 euros en pescado, tres veces la media europea; el español, 216 euros. Y la sardina es el pez preferido en Portugal y el segundo en España, después de la merluza, según recoge el Observatorio Europeo de Productos de Pesca.

Aunque en el exterior se identifique a Portugal con el bacalao, la sardina es el primer pescado fresco y el símbolo de su capital. Las verbenas de san Antonio, patrón de Lisboa, van unidas a las parrilladas de sardinas en la calle. Se calcula que en ese mes de junio se consumen 13 sardinas por segundo y todas salvajes. La sardina no sale de piscifactorías ni llega de los mares del norte como el bacalao; se pesca en aguas propias, de ahí también la identificación con el país.

El estudio del CIES no es vinculante para el Consejo de Europa, aunque se suelen seguir sus recomendaciones. Bruselas ha advertido que no prohibirá la captura, pero que los países ibéricos deben tomarse en serio la advertencia del ICES.

El Gobierno portugués propone reducir la captura de la sardina a 14.000 toneladas; la Asociación de pescadores de Cerco, que son los que se dedican a esta captura, le gustaría que fueran 24.650. El pasado año se pescaron 17.000 según la ministra portuguesa, una minucia si se comparan con las 200.000 toneladas de hace 30 años.

“Debemos hallar un punto de equilibrio entre la sustentabilidad de los bancos y las comunidades pesqueras para aceptar las recomendaciones del Consejo Internacional de Exploración del Mar”, explica Vitorino. “En el caso de la sardina la virtud no está en los extremos; ni en el fin total de las capturas ni en pescar millones de peces”.

Límites por calendario o zona

El gremio de pescadores prefiere que haya restricciones de calendario antes que geográficas. “La virtud está en el medio”, insiste la ministra, “que quedaría lejos de lo que gustaría a los pescadores y un poco por encima de lo que dicen las organizaciones no gubernamentales”.

Humberto Jorge, presidente de la Organización de Productores y de Cerco, pide antes que nada reunirse con el sector español para adoptar una postura conjunta. “No tiene sentido que Portugal apruebe medidas excepcionales sin una coordinación con España. Será más eficaz tomar medidas comunes y aplicadas a la vez que estar definiendo áreas y calendarios unilaterales de prohibición”. El representante de los pescadores es más partidario de prohibiciones “en tiempo real y durante el tiempo necesario cuando se detecten áreas de juveniles”.

Esta semana, autoridades de Portugal y España se sentarán para negociar medidas conjuntas con un denominador común, restricciones. Tras reunirse con el gremio, la ministra Vitorino planteará una reducción de los días semanales de pesca, congelación de licencias y de permisos para aumentar el tamaño de los barcos, prohibir la sardina de menos de 13 centímetros, limitar la captura diaria por barco a 0,5 toneladas (hoy puede llegar a 3,7 toneladas), prohibir la pesca a menos de 20 metros de profundidas y a menos de un cuarto de milla de la costa. Los acuerdos deben de ser entre las flotas de los dos países para que tengan alguna eficacia.

Aparte de la restricción o prohibición, organizaciones dedicadas a la sostenibilidad del mar ven parte de la solución en la diversificación del consumo, en un cambio de costumbres; que otras especies, como la caballa y el carapau, ocupen el lugar de la sardina en las verbenas. Al fin y al cabo, la popularidad histórica de la sardina se basaba en su bajo precio, pero ahora, cuando llega junio, la sardina portuguesa sale a precio de merluza española (bueno, de Namibia).

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