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CONVENCIÓN BANCARIA

Carstens reivindica su legado en su última Convención Bancaria

El gobernador del Banco de México defiende un aumento de la credibilidad de la institución en tiempos de turbulencias económicas

Carstens, el 1 de marzo.
Carstens, el 1 de marzo.

Agustín Carstens defiende nunca decepciona, ni siquiera en su despedida de la cita bancaria más importante de México. Consciente de que sus palabras son escrutadas al milímetro, el guardián de la política monetaria mexicana y una de las voces más respetadas en el elenco económico ha aprovechado este miércoles su última intervención en la Convención Bancaria anual para reivindicar su gestión al frente del instituto emisor. "No se puede decir que el Banco de México haya sobrerreaccionado. Ha actuado de manera preventiva, para que el ajuste sea ordenado y las expectativas de inflación queden ancladas", ha subrayado al tiempo que recordaba que el peso –el principal marcapasos de la economía mexicana– se ha apreciado tras los mínimos de hace tres meses. "Ha incrementado la credibilidad del banco central".

Carstens llegó al cargo en 2010 y en noviembre hará las maletas rumbo a Basilea (Suiza) para ponerse al frente del coordinador global de los bancos centrales. Se va, según se desprende de su discurso –más optimista que de costumbre–, con el trabajo hecho pese a la montaña rusa de los últimos meses. "Es un momento singularmente complejo para la economía mundial y mexicana", ha reconocido. "Pero el Banco de México es una de las grandes fortalezas institucionales de México y ha cumplido con su mandato". El todavía gobernador del instituto emisor ha valorado que la inflación haya promediado una subida del 3,5% en la última década, frente a una tasa de doble dígito entre 1994 y 2004. Aunque el actual aumento de los precios, cercano al 5%, está “claramente fuera” del rango fijado por el banco central –situación que ha achacado, fundamentalmente, a la liberalización de los precios de la gasolina–, Carstens ha remarcado su pronóstico de que la inflación regresará al 3% a cierre del año que viene y ha subrayado el "bajo traspaso" de la depreciación del peso a la inflación. "Los efectos del shock serán temporales".

Hace poco más de un año, cuando Carstens compareció en el mismo salón en el que lo ha hecho este miércoles, México navegaba en aguas relativamente tranquilas. El PIB crecía por debajo de su potencial; el precio del petróleo –otrora fuente de crecimiento– aún sufría las consecuencias de la sobreoferta mundial; la depreciación del peso –aunque a años luz de los niveles actuales– empezaba a sembrar dudas y los recortes presupuestarios eran el pan de cada día. Pero el horizonte parecía más o menos despejado de grandes amenazas geopolíticas. Aunque, con un discurso marcadamente antimexicano y antilibre comercio, Donald Trump ganaba primarias en Estados clave en la lucha por ser cabeza de cartel republicano a la Casa Blanca, sus opciones de hacerse con la presidencia de la primera potencia mundial eran escasas: prácticamente ningún sondeo le otorgaba opciones en una potencial confrontación con los demócratas Hillary Clinton o Bernie Sanders. La economía mexicana, en fin, no estaba para tirar cohetes; pero aprobaba con holgura los exámenes a los que se sometía trimestre a trimestre.

Doce meses después, la palabra "incertidumbre" está en boca de expertos y profanos. Con el magnate neoyorquino ya en Washington, la renegociación del TLCAN (el tratado de libre comercio entre EE UU, México y Canadá) y los términos en los que se concrete el impuesto fronterizo prometido por los republicanos marcan el paso de la economía mexicana. Se han frenado o dilatado algunos proyectos de inversión; los precios suben a un ritmo cercano al 5%, por encima del objetivo del Banco de México; y los tipos de interés vigentes hoy, (6,25%) lejos del 3,75% de hace un año, empiezan a convertirse en una barrera para la concesión de crédito en un país todavía poco bancarizado. De momento, el país norteamericano ha logrado aguantar los primeros embates de la Administración Trump bastante mejor de lo que cabría esperar. Lejos de los peores augurios, el principal marcapasos de la economía mexicana, el peso, ha revertido las fuertes caídas de los últimos meses ayudado por las medidas de emergencia del Banco de México.

Pero las dudas persisten. En el flanco interno, las principales incógnitas para la economía mexicana son dos: el nombre –y el perfil– del sucesor de Carstens al frente del instituto emisor y las elecciones federales de 2018 en las que Andrés Manuel López Obrador (Morena) parte como favorito. Respecto a este último punto, el todavía jefe de la Asociación de Bancos de México, Luis Robles Miaja, dijo este miércoles por la mañana no sentirse "preocupado" por el color político del nuevo Gobierno siempre y cuando "sea responsable". "Si llegásemos a trabajar con él [López Obrador], lo haríamos de la mano porque al final la banca es una institución que trabaja con instituciones", añadió el también presidente de BBVA Bancomer. A renglón seguido, en cambio, mandó un dardo al populismo, una tendencia política en la que tantas veces se ha enmarcado al candidato de Morena, pero también a Trump o Marine Le Pen: "Los populismos venden soluciones falsas a problemas magnificados o muy complejos". "Los países que más se han desarrollado son los que han optado por el liberalismo. No con posiciones dogmáticas que cierran espacios de libertad y participación a la ciudadanía. El riesgo de que la sociedad opte por salidas rápidas e ilusorias va en aumento", ha agregado el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto (PRI). La carrera presidencial ha entrado de lleno en la agenda de la 80º Convención Bancaria. El lema escogido, "liberalismo versus populismo", no deja lugar a dudas.