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Una bajada de aranceles impulsaría con fuerza el comercio entre Latinoamérica y China, según el BID

Las ventas agrícolas al país asiático crecerían un 10% con un nivel arancelario similar al de la OCDE

Cosecha de soja en un campo de cultivo en Uruguay.
Cosecha de soja en un campo de cultivo en Uruguay. REUTERS

El comercio entre América Latina y China está estancado desde 2012. Una reducción de los aranceles comerciales entre ambos daría un nuevo impulso al intercambio, señala un nuevo informe publicado por el BID. El estudio asegura que las ventas agrícolas de Latinoamérica a China serían un 9,6% mayores si los derechos de importación del país asiático se redujeran al nivel medio de los miembros de la OCDE. Las exportaciones industriales, por su parte, crecerían un 37,4%. El nivel arancelario en China duplica al de la OCDE para los bienes agrícolas y lo triplica para los manufacturados.

Entre 2000 y 2011 el comercio entre ambas regiones atravesó un auge sin precedentes y creció a una tasa anual del 31,2%. Desde entonces, la expansión se ha estancado y, a partir de 2014, el intercambio se ha contraído, debido al menor crecimiento tanto de China como de América Latina. Durante el periodo de bonanza, señala el estudio, no existieron los incentivos para que las partes negociaran políticas comerciales para estrechar los vínculos. Por temor a perjudicar las relaciones diplomáticas, muchos países han pasado por alto las fricciones comerciales, según el documento. 

El estudio resalta que, a pesar de la ralentización, la economía China seguirá creciendo a una tasa superior al 6% anual, al menos hasta el final de esta década, y la demanda de los bienes básicos que producen los países de la región se mantendrá sólida, aunque menos dinámica. En este nuevo escenario, recuperar el crecimiento del intercambio exigirá esfuerzos adicionales para alcanzar nuevos acuerdos comerciales.

“Los gobiernos y el sector privado de América Latina tendrán que invertir en una agenda de inteligencia comercial que permita remover barreras y maximizar las ganancias potenciales del intercambio”, señala Mauricio Mesquita Moreira, Asesor Económico Principal de Integración y Comercio del BID y autor del informe.

El 80% de los embarques desde América Latina hacia el gigante asiático son materias primas —mineral de hierro, cobre, soja y petróleo—. Uno de los factores que frena la diversificación de las exportaciones y las ventas de productos con mayor valor agregado es la estructura arancelaria china. El derecho de importación promedio para bienes de consumo (11%) es el doble que el cobrado a los bienes intermedios (4,9%) y diez veces mayor que el de las materias primas (1,09%), detalla el documento de Mesquita Moreira.

El intercambio desequilibrado entre ambas regiones es un problema de creciente importancia para los países latinoamericanos. Desde el comienzo del boom de las materias primas, China pasó de ser un país con el que casi no tenían vínculos a convertirse en el segundo socio comercial y concentra el 13,7% del comercio exterior de los países de la región. De hecho, ya es el primer socio de Brasil, Chile y Perú. Los países de América Latina, por su parte, han incrementado el peso en la economía china hasta sumar el 5,9% del intercambio del país.

Barreras no arancelarias

El BID advierte de que el freno al comercio no se debe solo a los elevados derechos de importación. También hay barreras no arancelarias. Entre ellas, se destacan las distorsiones a través del IVA, ya que los agricultores locales están exentos del pago de este impuesto y los bienes importados no, y las subvenciones agrícolas. Las medidas sanitarias y fitosanitarias, el comercio estatal y los controles de precios actúan en la práctica como trabas adicionales que inhiben una mayor penetración de los productos de la región en el mercado chino.

Las barreras comerciales de América Latina también impiden que crezcan las exportaciones chinas a la región, especialmente las del Mercosur. La mediana de los aranceles entre los países de Latinoamérica es dos veces más alta que la de los miembros de la OCDE. Una rebaja hasta el nivel de la OCDE provocaría un incremento del 10% en las exportaciones de bienes manufacturados chinos hacia la región.

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