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Si soy autónomo y me voy de vacaciones, ¿me compensa darme de baja?

Dejar de pagar la cuota puede ser una mala jugada, sobre todo si se tiene derecho a bonificaciones

Ilustración.
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¿Los autónomos se van de vacaciones? Muchos trabajadores por cuenta propia romperían en una carcajada antes de contestar con un rotundo “no”. La razón es sencilla. “Un trabajador por cuenta ajena tiene sus 30 días naturales amparado por la ley, pero el autónomo no tiene ese derecho”, resume Sergio Pérez, encargado de la asesoría fiscal y laboral de Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE)

Ser jefes de sí mismos significa poder cerrar la actividad en cualquier momento, pero a la vez implica dejar de tener ingresos y seguir pagando gastos. Por ello, hay trabajadores por cuenta propia que eligen darse de baja en las temporadas de actividad más floja, que a menudo coinciden con las épocas de vacaciones. Es algo que está permitido por la ley y que supone ahorrarse la cuota de la Seguridad Social, de unos 267 euros al mes para quien está acogido a la base mínima (casi el 90% del colectivo). Pero, ¿compensa dejar de cotizar por unos centenares de euros?

Cuidado con bonificaciones y prestaciones

En España, hay más de tres millones de personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). La presunta flexibilidad de la que gozan, que se debería traducir en una “ventaja” a la hora de elegir horarios y gestionar los descansos, es en realidad una jaula de la que es difícil salir. “Si un autónomo quiere irse de vacaciones, o cierra su negocio y por tanto no va a generar ingresos —aunque sí soportará gastos, sobre todo los fijos que se generan todos los meses, tengas o no producción— o bien tendrá que contratar a alguien”, analiza el asesor de UATAE.

Desde la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA) desaconsejan darse de baja durante las vacaciones, y recuerdan que de la cuota que se paga a la Seguridad Social “dependen la pensión, las bajas o la maternidad”.

En el caso de enfermedad común, por ejemplo, es necesario haber realizado aportaciones a la Seguridad Social durante, al menos, 180 días en los cinco años anteriores a la solicitud para poder cobrar el subsidio por incapacidad temporal. Asimismo, para recibir la prestación por cese de actividad —el paro de los autónomos, cuya cotización es voluntaria— se exige haber aportado de manera continuada durante los 12 meses inmediatamente anteriores a la solicitud, incluido el mes en el que se produce el cese. Por otro lado, si el profesional está gozando de alguna bonificación en la cuota, como la tarifa plana de 50 euros durante los primeros seis meses o la reducción concedida a los autónomos colaboradores, la perdería. “Al volver a darte de alta ya no tendrás esas ventajas”, recuerdan desde ATA. 

El trabajador con tarifa plana pierde la ayuda al darse de baja

Sin hablar de la jubilación. La reforma de 2012 prevé que la pensión pase a calcularse de forma gradual sobre lo cotizado durante los últimos 25 años trabajados, y ya no sobre los últimos 15, como ocurría antes del cambio normativo. Este nuevo modelo implica empezar a preocuparse en edades más tempranas por lo que se cobrará al término de la vida laboral. En el caso de los autónomos, la inquietud debería ser aún mayor: la pensión media de este colectivo es de 700 euros, según los últimos datos de la Seguridad Social, frente a los 1.188 euros de los asalariados.

Esta diferencia se debe a que los autónomos no están obligados a cotizar en función de sus ingresos, y la mayoría lo hace por la base mínima: independientemente de lo que ganen, es como si su sueldo fuera de 893,10 euros al mes. Si, además, no se aporta durante ciertas épocas del año, “puede ser un problema más de cara a la jubilación”, apunta Pere Vidal, profesor colaborador de derecho laboral en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y abogado en PwC. “Al final, vemos la cotización como un gasto cuando en realidad es una inversión, porque cubre la sanidad y otro tipo de prestaciones”.

¿De verdad dejas de trabajar? 

Casi dos tercios de los afiliados al RETA son personas físicas, que no forman parte de ninguna sociedad, cooperativa u otra entidad, según las estadísticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. “Sobre todo los freelance o aquellos que no tienen un local físico de atención al público optan por darse de baja en el período estival, bien porque se marchan de vacaciones o bien porque su volumen de trabajo disminuye o desaparece en estas fechas”, apunta Pérez de UATAE.

Aunque nada impida darse de alta y de baja todas las veces que uno quiera, puede que la Seguridad Social desconfíe de que el autónomo haya interrumpido de verdad su actividad mientras no cotiza. Y la ley, en cierto sentido, la ampara: el criterio para establecer cuándo hay que darse de alta en el RETA es bastante difuso. Para el instituto previsor, un trabajador por cuenta propia es “aquel que realiza de forma habitual, personal y directa una actividad económica a título lucrativo”. Una definición que deja espacio a muchas interpretaciones.

El autónomo se va muchas veces de vacaciones con el ordenador a cuesta y el móvil conectado

Pere Vidal, abogado y profesor 

Aunque la jurisprudencia haya establecido que no es necesario darse de alta como autónomo cuando los ingresos son inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (9.172,80 euros anuales en 2016), la normativa exige a la vez que la actividad sea esporádica. Por ello, la Seguridad Social podría (y suele) utilizar el concepto de “habitualidad” para justificar que el profesional seguía ejerciendo sin estar afiliado al RETA, y exigirle así el pago de las cuotas pendientes —con un recargo del 20%, más los intereses—. 

“Siempre se puede justificar la baja con trabajos por proyectos, pero, en función del tipo de actividad, puede considerarse que una persona no deja de prestar un servicio habitual”, alerta Vidal. “El resultado es que el autónomo se va muchas veces de vacaciones con el ordenador a cuestas y el móvil conectado, y por eso hay ciertos riesgos de salud y psicosociales... Sería importante dejarlo todo cerrado antes de irse e intentar desconectar, aunque nunca se logre al 100%”.

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