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Bruselas abre el procedimiento de sanciones contra España

La Comisión Europea subraya que el Ejecutivo español "no ha tomado medidas efectivas" para combartir el desfase presupuestario

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, bromeando con el ministro de Hacienda, Luis de Guindos.

La multa a España es ya un sainete digno de los hermanos Álvarez Quintero. La Comisión Europea concluyó ayer que España y Portugal no tomaron “medidas efectivas” para reducir el déficit. Pero esa decisión no se formalizará hasta el jueves, por lo que no está claro que los ministros de Finanzas de la UE discutan al respecto la próxima semana. España prefiere que los siguientes pasos sobre la sanción se retrasen hasta otoño para no perjudicar la formación de Gobierno.

Los caminos de Bruselas son inescrutables. La Comisión Europea retrasó en primavera la apertura del procedimiento de sanciones hasta primeros de julio por la inestable situación política española y ante la cercanía del referéndum sobre el Brexit. Meses después, alcanzados ya esos primeros días de julio, España sigue sin Gobierno, y el peor escenario —un voto británico en contra de la UE— se ha consumado. El procedimiento se activó ayer, pero con efectos retardados y con un calendario tan endiabladamente complejo por delante que no está claro cuándo puede llegar la decisión final, ni mucho menos cuál será. En el peor de los casos, Bruselas sancionará a España en octubre con hasta 2.100 millones de euros y la congelación de fondos estructurales. En el mejor, el procedimiento puede cancelarse o la multa puede ser de cero euros, aunque el daño para la credibilidad fiscal española ya está hecho.

La solución de ese sudoku europeo depende de varios factores. En primer lugar, del debate continental: Alemania capitanea un grupo de países que quieren el máximo rigor con las reglas fiscales; al otro lado, Francia e Italia rechazan de plano las multas. Además, la situación política en España es una incógnita fundamental en esa ecuación: el Ejecutivo en funciones estima que retrasar la decisión podría favorecer la formación de Gobierno. El presidente en funciones, Mariano Rajoy, se expresó en ese sentido en la última cumbre europea, según fuentes europeas. España no ha presionado directamente, pero ha expresado dudas en los preparativos del Eurogrupo y el Ecofin sobre la posibilidad de que este sea el momento más adecuado para tomar una decisión.

Una decisión “inteligente” con unas reglas fiscales “estúpidas”

Estúpido, imperfecto, rígido, inflexible: el expresidente de la Comisión, Romano Prodi, definió así el Pacto de Estabilidad en 2002. Las reglas fiscales se han reformado en innumerables ocasiones pero siguen siendo procíclicas, eufemismo que en economía hay que sustituir por estúpidas: Paul De Grauwe, de la London School, afirma que cada vez que se avecina una recesión “Bruselas insiste en amenazar con sanciones”. “El resultado es una UE que cada vez más ciudadanos identifican con una especia de madrastra”. Frente a las críticas, el comisario Pierre Moscovici prometió ayer aplicar esta vez el pacto “de forma inteligente”. Berlín y París demostraron una inteligencia enorme allá por 2003: ante la posibilidad de multas, cambiaron las reglas. No parece que eso vaya a repetirse ahora, aunque la Comisión ha anunciado la enésima revisión en unos meses.

Casi todos los próximos pasos están por decidir. Solo una cosa es segura: la pelota ya ha empezado a rodar, y a partir de ahí el procedimiento sancionador es prácticamente automático, con la excepción de los tiempos, del calendario. Y salvo en el caso de que no haya apetito político por sancionar a España, como defendió ayer mismo Luis de Guindos, el ministro de Economía español.
Guindos se desplazará hoy hasta Estrasburgo para hablar de la sanción y de la situación política y económica en España con el comisario Pierre Moscovici. Tiene también en la agenda otras reuniones antes de seguir camino hacia Londres.

El argumentario de Guindos en contra de las multas es parecido al de Portugal: ambos países han hecho enormes esfuerzos en momentos difíciles —en plena recesión— y una sanción sería contraproducente, más aún con la inestabilidad asociada al Brexit y la debilidad mostrada por los bancos portugueses e italianos. El comisario portugués, Carlos Moedas, lo expresó con lucidez en el colegio de comisarios: “Supongamos que un equipo marca cinco goles en la primera parte, y que recibe dos goles en la segunda. España y Portugal hicieron ajustes, y después quizá se durmieron en los laureles. Pero estas reglas fiscales dicen que ese equipo que metió cinco goles en el primer tiempo ha perdido el partido”, apuntó durante el debate en Estrasburgo, según las fuentes consultadas.

La presidencia eslovaca de la UE debe decidir ahora si incluir o no ese asunto en la agenda del Ecofin del próximo martes. Si el Ecofin no discute esa decisión, todo el proceso se aplaza hasta otoño. Pero si los ministros debaten el asunto y confirman “la falta de acción efectiva” que ha dictaminado Bruselas, España tendrá 10 días para presentar alegaciones y la Comisión tendrá que presentar una propuesta de sanción en un plazo de 20 días, a finales de julio, junto con una serie de recomendaciones (con toda probabilidad: más recortes a la vista). La presidencia eslovaca espera la decisión de Bruselas “el jueves”, explicó una portavoz, “para preparar con tiempo las próximas reuniones”. “Si la propuesta de la Comisión hubiera llegado antes, la agenda ya estaría clara. Ahora, depende de los ministros de Finanzas”, añadió la misma fuente.

Final feliz (o no)

La Comisión lleva semanas jugando al ratón y al gato con los Gobiernos de la eurozona a la vista de la enorme división que suscitan las sanciones por el déficit. El brazo Ejecutivo de la Unión no quiere quedarse aislado en una decisión tan importante, que supondría estrenar las multas con dos países que han hecho esfuerzos enormes, y que aún hoy son muy vulnerables a un nuevo arreón de la crisis. El Brexit, además, ha dejado muy expuestos a los bancos italianos, que pueden necesitar ayudas públicas, y Francia está a apenas unos meses de sus elecciones: esos dos países no quieren multas ni en pintura, en parte porque son firmes candidatos a futuras sanciones si ese melón se abre. El sainete, en fin, no ha terminado: le quedan aún varios giros antes de que baje el telón. Pero el final difícilmente será redondo y feliz. Puede que no haya sanciones, pero viene otra ronda de austeridad tras un 2015 de prematuras alegrías por el gasto regional y por la rebaja de impuestos de Rajoy, que traerá cola.

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