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COLUMNA

Europa se recupera, pero poquito

La inversión sigue deprimida: urge hacer más política fiscal, reforzar el Plan Juncker

Mario Draghi, presidente del BCE.
Mario Draghi, presidente del BCE.

La eurozona recuperó en marzo el PIB de antes de la crisis (2008). El tamaño de su economía vuelve a ser el mismo. Eso está bien. Pero ha tardado ocho años, y EE UU lo logró en cinco. Y además, a ritmo anémico, más o menos la mitad de veloz que EE UU: el PIB crecerá este año un 1,6%, según las Previsiones de primavera que la Comisión publicó el martes.

Preocupa no solo el ritmo lento, sino que se despliega tras “un año largo de una excepcional combinación de factores”: el petróleo por los suelos, el tipo de cambio del euro bajísimo, una política monetaria expansiva como nunca y cierto aumento del gasto en países centrales para atender a los refugiados. Si en año de mieles (externas) la miel (interna) que se recoge es poca, ¿qué será en año de hieles?

¿Hieles? Los impulsos del petróleo y del euro no se repetirán en el mismo grado. Seguirán bajos, lo que está bien. Pero no bajarán mucho más, no provocarán chutes adicionales. Así que el consumo privado, motor de la recuperación —más que la demanda externa, las exportaciones, afectadas por la crisis de los emergentes— tenderá a declinar. Y el otro pilar de la demanda (junto al gasto público), la inversión, “sigue deprimida”, como indica el director general de Economía y Finanzas, el muy ortodoxo Mario Butti.

Y eso que “se han suavizado las condiciones del crédito, el uso de la capacidad instalada supera la media y la presión para el desapalancamiento empresarial se debilita”. Y es que las “palancas de política fiscal no se están utilizando lo suficiente”, aserto que viniendo del prudente rincón de donde viene (Mario Draghi lo clama en el desierto desde hace casi dos años) se convierte en tabla de la ley.

Otras voces concordantes exhortan a “prepararse para la próxima recesión en Europa” como hace el exdirector de Bruegel Jean Pisani-Ferry (Project Syndicate, 31/3). ¿Cómo? Acentuando la inversión pública.

Los Gobiernos la han dejado caer merced a su mala lectura de la disciplina fiscal, “por no reconocer correctamente su papel” y dejarse llevar por reducir el gasto de inversión “que es lo más fácil” y políticamente “menos costoso”, como advertía el liberal Mario Monti desde 2014 (Fiscal discipline and public investment in Europe, Instituto Berggruen).

Toca auparla. Si cada Gobierno se resiste, “la eurozona como entidad conjunta podría endeudarse para financiar políticas de estímulo al crecimiento”, y alumbrar “una versión mejorada del Plan Juncker”, propone Pisani. Es la actualización de la añeja idea de los eurobonos del Banco Europeo de Inversiones (BEI), para financiar inversiones, que predica sin descanso Stuart Holland (Contra la hegemonía de la austeridad, Arpa): sin coste para los Gobiernos, sin contabilizarse en su deuda.

El Consejo Europeo pasará pronto revista a los resultados cosechados por el Plan Juncker. Hasta hoy parecen potentes (fomenta ya una inversión de hasta 76.100 millones), pero comprobaremos si se han levantado sin absorber la inversión típica del BEI. Solo así se podrán calificar de exitosos. Pero incluso así, si no son suficientes, habrá que mejorar su capacidad de disparo mediante los famosos eurobonos. Convenced a Berlín. ¿Hay otra vía?