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OPINIÓN

El lío de las jubilaciones en Grecia

La edad del retiro, sobre todo el anticipado (52 años), es escandalosa, ¡y los recortes indirectos!

¡Rebajen el tono! No es genial pedir ayuda a socios y acreedores acusándolos de practicar un “pillaje” para “humillar” a los griegos ni tildando al FMI (que le presta dinero cotizado por países mucho más pobres) de “criminal”, como hace Alexis Tsipras. No es nada hábil acusar a este de “chantajista” como frasean algunos políticos alemanes. No lo es, si se quiere llevar el pulso a buen puerto.

Es más útil analizar al detalle los puntos calientes de la discusión y calibrar así las respectivas razones. El peor escollo del litigio Grecia/Eurogrupo no es el IVA, ni la reforma laboral, sino las pensiones. Dentro de ellas, encanalla a los acreedores “el escándalo” de la edad de jubilación, como comenta en privado un alto dirigente keynesiano del FMI. Es la más baja en Europa, salvo Francia. Los griegos se jubilan de hecho, según algunos cálculos, a los 61,9 años, 2,3 años más jóvenes que la media de la OCDE. Las griegas, a los 60,3 años, 2,8 menos que la media. Otras estimaciones indican que la media global griega es de 59 años.

Además, los trabajadores de profesiones “penosas” como los mineros gozan de legítimos privilegios adicionales. El problema es que entran en esa categoría oficios como el de panadero o peluquero. Y que las jubilaciones anticipadas operan desde los 52 años. Y que Atenas prevé aumentar la edad de jubilación, a 62 años, pero a lo largo de una larga década.

Por ese lado, pues, goleada de los acreedores. Pero no está tan claro que eso se repita en la discusión sobre la cuantía de las pensiones. Las griegas son, en proporción, las más costosas de la UE: suponen el 17,5% del PIB (contra una media europea del 13,2%), aunque en buena parte porque Grecia vio caer su PIB un 25%. El déficit del sistema es del 9%, por un 3% en Alemania. La Comisión asegura que no exige recortes adicionales. Atenas jura que aplazó su pretensión de reinstaurar una decimotercera paga a los 1,2 millones de pensionistas con menos de 665 euros mensuales.

La cuantía es asunto clave. Sería humana y socialmente indigno que Atenas tuviera que recortar pensiones, cuando ya lo hizo en 2011 (de un 20% a un 40%) y en 2012 (del 5% al 10% adicional). No es el caso, directamente. Pero sí indirectamente, dada la presión para que aumente el copago sanitario a los jubilados.

Y sería insidioso que Grecia pidiese más ayuda a socios aún menos prósperos para poder dispensar beneficios sociales superiores a los de aquellos. La jubilación es un contrato social a largo plazo, que incluye cálculos de toda una vida, materia sensible, delicada, explosiva. Pero también debe poder financiarse sin contar eternamente con apoyo ajeno.

En cifras globales, el Eurogrupo exige la cláusula déficit cero y un ajuste de 1.800 millones en pensiones para 2016/2017; Grecia quiere suspenderla al menos dos años y ajustar solo un tercio, 650 millones, ¡pero para 2022!

Existiría una salida al debate: buscar el dinero en otros cajones, no en las cotizaciones sociales, sino en los impuestos. Los socios aceptan —promesa de flexibilidad— sustituir recortes por otras medidas, como alzas de ingresos, de resultados equivalentes. Atenas las presenta, pero —estigma de la historia— nadie cree sus cálculos demasiado optimistas.