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Los astilleros empiezan a salir a flote tras la crisis de las ayudas fiscales

La contratación mejora en el País Vasco y está congelada en Galicia, el otro polo naval

Un operario trabaja en las instalaciones de los astilleros Zamakona en Pasaia (Gipuzkoa).
Un operario trabaja en las instalaciones de los astilleros Zamakona en Pasaia (Gipuzkoa).

Los astilleros españoles, que hace ahora dos años estaban sumergidos en una gran depresión, van saliendo a flote y dan por superada la crisis abierta entonces por la decisión de la UE de exigir la devolución de las ayudas fiscales que en España se otorgaron a la fabricación de barcos (tax lease). La actividad en las gradas repunta ligeramente, “sin alegrías”, aseguran los constructores, pero lo hace con luces y sombras. Si en Euskadi hay carga de trabajo para los próximos dos años y reina un moderado optimismo, en Galicia cunde el desánimo por la escasez de pedidos.

A mediados de 2013, la industria naval acaparó los titulares de prensa. Los astilleros zozobraban, con riesgo de irse a pique. “Fue el peor en mis 55 años de trabajo”, asegura Pedro Garaygordóbil, presidente de Zamakona (Santurtzi, Bizkaia). Estaba anunciada la muerte del sector por los embates de la crisis económica, la falta de financiación crediticia, la apabullante competencia asiática y, como puntilla, por el castigo que la UE consumó aquel año al viejo tax lease Un cóctel diabólico que hizo estragos y dejó unas secuelas que han tardado dos años en borrarse.

La patronal Pymar (representa a 19 de los principales astilleros privados) sostiene que la situación “ha mejorado y se observa un repunte gracias al trabajo intenso de todos los implicados”. El año pasado se formalizaron 18 contratos (casi 800 millones), financiados con el tax lease que la UE puso en vigor en enero de 2014 —un año antes fueron nueve operaciones—. La actividad constructora durante este año sigue la senda de la recuperación, sobre todo en el País Vasco y Asturias, según todas las fuentes consultadas.

Los inversores tienen ahora plena seguridad con el nuevo modelo de incentivos fiscales aprobado por las autoridades comunitarias, aunque aún no se ha cerrado el contencioso abierto con las ayudas otorgadas entre 2005 y 2011. Inicialmente, trascendió que la Comisión Europea reclamaba devolver casi 3.000 millones. Un portavoz de Competencia informa de que recientemente se han reanudado las negociaciones con el Ministerio de Industria para fijar la cantidad que se debe reintegrar y que el Gobierno español fija en 126 millones, “lejos” de lo que reclama Europa. El Tribunal de Luxemburgo podría zanjar en julio próximo este procedimiento dando la razón a España.

Quizás no es el mejor momento. La época de alegrías empresariales terminó. Ahora se firman los contratos con suerte para empatar”, declara Garaygordóbil, que acaba de firmar la venta de 10 remolcadores y esta semana espera adjudicarse un flotel (buque-hotel) para un armador danés. Sin salir del País Vasco, Murueta botará en breve otro buque, Balenciaga tiene carga de trabajo para varios años y en La Naval se construyen ahora un ferry, dos dragas y un cablero.
El naval vasco se ha especializado en la construcción de embarcaciones medianas, como los off-shore para plataformas petrolíferas, los atuneros congeladores y remolcadores. Los astilleros suponen el 2,1% del PIB vasco, dan trabajo directo a 6.430 personas (14.800 con la industria auxiliar) y facturan 985 millones, el 80% vía exportación.

En Galicia lo que mantiene en vilo al sector es la caída del precio del crudo, que ha inoculado el virus de la inestabilidad en el mayor de los astilleros, el de Barreras, ahora en manos de la petrolera mexicana Pemex. Por ello, la lluvia de contratos que se prometió hace dos años no ha llegado a concretarse. Se anunció la construcción de un atunero de 20 millones, y se informó de negociaciones “muy avanzadas” para cerrar otros cuatro buques por unos 300 millones. También se habló de otros tres en cartera, lo que, sumado al flotel, elevaría los pedidos a nueve. Lo cierto es que en el astillero de Vigo solo se construye este último, que se entregará el próximo septiembre.

En la ría de Vigo no se ha logrado ningún pedido en el primer trimestre y de los anteriores, pronto se agotará la carga de trabajo: siete barcos en fase avanzada de construcción. Mientras, el nuevo esquema de financiación del tax lease no se acaba de asentar. Algunas operaciones están en suspenso por falta de financiación. Es lo que le ocurre a Astilleros Freire pese a haber ganado tres concursos para fabricar un oceanográfico para Kuwait, un buque-escuela para Indonesia y un barco de investigación polar para India.

La baza de exportar

La labor comercial. Una treintena de empresas gallegas y otras 19 de Euskadi han participado hasta el pasado viernes en la Feria Nor-Shipping, en Oslo, para tratar de cerrar acuerdos y aumentar su carga de trabajo. A la cita también acudieron el Ministerio de Industria y Pymar para apoyo a un sector naval que da trabajo a 87.000 personas.
La competencia. Holanda y Noruega, ahora también Turquía, son los principales rivales de España en Europa, aunque la mayor cuota de mercado está en poder de China, Corea del Sur y Japón.

“Estamos en horas muy bajas”, dice Enrique Mallón, secretario general de Asime, patronal gallega del metal. “Desde que comenzó la caída del precio del crudo, los contratos cayeron y la situación de los pedidos se ha visto muy reducida”, explica. En el otro polo de la comunidad autónoma, Ferrol, donde Pemex ha encargado a Navantia la construcción de un flotel que se comparte con la factoría gaditana de Puerto Real, tampoco hay otros buques acogidos al tax lease. Con 3.000 trabajadores ligados a un sector antaño fundamental para la economía de la zona, la gran apuesta futura es un proyecto de eólica marina de Iberdrola en aguas del Mar del Norte. Será el primer contrato que firma el astillero en 14 años para una obra desarrollada íntegramente en sus instalaciones. Es el ejemplo que mejor ilustra la necesidad del naval gallego de explorar otras vías de negocio.