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COLUMNA

Europa debe invertir más

Para que la UE aumente el crecimiento, debe ser generosa con los débiles en el Pacto de Estabilidad

EE UU crece a un ritmo del 5%. Luce un paro del 5,6%, la mitad del europeo. Si la UE quiere combatir ese desempleo —y absorber problemas como el de la deuda, o el de la pobreza en países como Grecia— debe crecer mucho más. Y para lograrlo, debe invertir mucho más.

Los planes ya en marcha, la expansión cuantitativa monetaria del BCE de Mario Draghi y el Fondo Juncker de inversiones son notables puntales de una nueva política económica no monopolizada por la austeridad presupuestaria. Pero hay que ir más allá. Porque no bastan para emular a los socios/competidores, salvar el modelo social y recuperar el tiempo perdido. Hay que invertir más, mucho más.

Una ayuda a la inversión es la relectura oficial del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), que permite a Francia e Italia disponer de más tiempo, o recursos, para ajustarse al mandato de un déficit público del 3% sobre el PIB (EL PAIS, 14 de enero).

Ahora convendría ampliar esos beneficios a todas las inversiones nacionales intermediadas por la UE. Y en favor de todos los países, incluida Grecia —le ayudaría más que muchas medidas que están sobre la mesa— y otros como España, que aún exhiben déficits excesivos por lo que están sometidos a una vigilancia especial, y son los que más necesitan invertir.

¿Cómo hacerlo? Si se quiere, técnica y jurídicamente es muy sencillo. Bastaría añadir una palabra al documento COM (2015)-12 de la Comisión, del 13 de enero, titulado "Hacer el mejor uso de la flexibilidad dentro de las reglas vigentes del Pacto de Estabilidad". ¿Qué palabra se necesita? "Estructural", a continuación de "déficit". Es decir, el déficit despojado del sesgo del ciclo económico.

Perdonen el detalle técnico, pero en este caso es clave. El documento exime del cómputo del déficit a las inversiones de los Estados miembros en el Fondo Juncker y sus obras. Pero no en las redes transeuropeas o en las infraestructuras cofinanciadas por los fondos estructurales y de cohesión. Para eximir a estas de considerarlas como algo deficitario, negativo, los Estados deben estar en regla con la regla del 3%.

Urge liberarles de esa condicionalidad. De modo que quienes ya hayan hecho esfuerzos de seriedad presupuestaria y exhiban superávit primario o un "déficit estructural" inferior al 3% puedan acogerse a la excepción, favoreciendo así su inversión.

Eso no es romper el Pacto, lo que aterroriza a Berlín. Supone solo releerlo más generosamente. Ni siquiera tanto como equiparar grandes inversiones y reformas estructurales, según forzó la Comisión (punto 2.2) para favorecer a otros. Es legítimo, pues el nuevo Reglamento del Pacto (el 1.175 de 2011), ya incorpora los conceptos de "saldo estructural" (considerando 20) y de "crecimiento potencial" (art. 5).

Eso beneficiaría a la inversión de Grecia —superávit primario estimado del 0,7% en diciembre— y de España —con un déficit estructural de sólo el 2,8% ya en 2013— ("Informe mensual", septiembre de 2014, La Caixa). La beneficiaría una enormidad.

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