Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EDITORIAL

Viejo problema, nuevo enfoque

La plena incorporación de la mujer al mercado laboral se convierte en una necesidad urgente

Incorporar plenamente a la mujer en el mercado laboral es una cuestión de justicia y de igualdad que solo organizaciones feministas y ciertas instituciones han venido reclamando para aumentar el crecimiento económico elevando la rentabilidad de las empresas. La demanda es vieja. La novedad es que esa incorporación masiva se vislumbra también como una necesidad urgente de las economías desarrolladas para salir del abismo en que todavía se encuentran.

El envejecimiento de la población, especialmente en las sociedades europeas, y la débil recuperación de la economía tras la mayor crisis económica y financiera desde la Gran Depresión han puesto en evidencia la necesidad de contar de manera más equitativa con las mujeres. Si la solución para recuperar un crecimiento vigoroso es aumentar la población activa, elevar la productividad o ambas cosas a la vez, entonces esa solución, en sociedades de baja natalidad, puede pasar por la mayor participación de las mujeres en la economía. El acceso universal a la educación y sus buenos resultados académicos las ha convertido en una fuerza laboral cualificada solo limitada todavía por los viejos prejuicios. La razón económica está del lado de las mujeres. Ahí está para demostrarlo un estudio más, pero muy relevante, el de Credit Suisse, que señala que las empresas con mujeres en sus consejos de administración obtienen mejores resultados.

Esta ya vieja reivindicación feminista es ahora más urgente que nunca para dar respuesta al acuciante problema de la sostenibilidad de los sistemas de pensiones. Solo una mayor fuerza productiva será capaz de mantener el nivel de las prestaciones en países con graves dificultades en este terreno, como España.

Las evidencias chocan, sin embargo, con resistencias sociales difíciles de derribar. La participación de la mujer en el mercado laboral está estancada en el 50% desde hace más de 20 años. Solo los países del norte de Europa ofrecen un modelo exitoso de incorporación de la mujer al empleo y a los puestos de responsabilidad en el mundo empresarial y financiero y lo han logrado impulsando al mismo tiempo las tasas de natalidad. Pero el nivel de bienestar y desarrollo económicos de partida para estos países no permite trasladar el modelo en su integridad. Se impone, por tanto, una política más decidida que no dilapide tanto talento infrautilizado, si bien las propuestas de la Comisión Europea en tal sentido han sido, por el momento, rechazadas por los países miembros de la UE.

El Fondo Monetario Internacional propone algunas medidas interesantes, como la tributación individual para no penalizar una segunda renta, créditos fiscales para que los trabajadores con bajos salarios trabajen de forma legal, un diseño adecuado de prestaciones para el cuidado de los hijos que facilite la compatibilidad de las tareas familiares y el trabajo profesional e incentive la reincorporación al mercado laboral, ayudas para guarderías y mejoras en la educación. Pero por encima de todo, lo que piden las mujeres que trabajan y tienen responsabilidades familiares son modalidades de trabajo flexibles que propicien un mayor equilibrio entre su vida profesional y privada.