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La inestabilidad política golpea a la economía italiana

La crisis política por la postura de Berlusconi hace crecer la prima de riesgo italiana

La diferencia entre Milán (248,5) y Madrid (256,5) se reducea su mínimo desde marzo de 2012

La Bolsa de Milán registra una cáida del 2,1%

Berlusconi asiste a una manifestación del PDL en Roma el 4 de agosto. Ampliar foto
Berlusconi asiste a una manifestación del PDL en Roma el 4 de agosto. afp

Sube la tensión en Italia. Se tambalea la economía. El Gobierno de unidad encabezado por el socialdemócrata Enrico Letta se encuentra bajo el fuego amigo de los dos mayores partidos que lo apoyan: el Pueblo de la Libertad (PDL), de Silvio Berlusconi, y el Partido Democrático (PD) del propio Letta. Cuanto más se complica la anómala convivencia que rige el Ejecutivo, menos confían los mercados en su estabilidad económica. Italia se hunde en una nueva fase en la que los partidos se clavan cuchillos para desgastar al Ejecutivo, sin que nadie se decida a tumbarlo de una vez. Los analistas se han acostumbrado a describir esta situación como “el juego de la cerilla”. Una vez encendida, pasa de mano en mano mientras se consume, hasta que alguien se quema los dedos.

De momento lo que huele a quemado es la Bolsa de Milán, que este lunes ha tenido una caída del 2,1%, en medio de las disputas políticas. Las acciones de Mediaset, la sociedad de Berlusconi, se han desplomado un 7% y su cotización llegó a estar suspendida. La prima de riesgo italiana, la diferencia que exigen los inversores a la deuda de un país con respecto al bono alemán, también ha crecido. “Italia y España, cada vez más cerca”, titulaba su preocupado comentario Vito Lops en Il Sole 24 Ore. La diferencia entre Milán (248,5) y Madrid (256,5) se ha reducido a su mínimo desde marzo de 2012.

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Pero las cuestiones que dividen a los dos socios del Gobierno son esenciales, como suelen serlo las cuestiones de principios. La primera es la expulsión de Berlusconi del Senado, tras la condena a cuatro años de cárcel, rebajada finalmente a uno, por fraude fiscal. Una ley de 2012 establece la destitución —tras ser votada por la Cámara— de cualquier parlamentario con más de dos años de condena firme. El 9 de septiembre se reúne la Mesa del Senado, que debe votar sobre la admisión a trámite de este asunto, anticipando así el voto del pleno.

El segundo gran tema de discordia es el IMU, el impuesto sobre la vivienda. Berlusconi prometió eliminarlo, pero los socialdemócratas sostienen que ello no es posible. El Consejo de Ministros tiene que tomar una decisión mañana. Si no hay acuerdo, los italianos tendrán que pagar el nuevo impuesto a mediados de septiembre.

“Los dos partidos se juegan su identidad con el IMU y la destitución de Berlusconi”, argumenta Roberto D’Alimonte, catedrático de Ciencias Políticas en Roma. El PDL no puede soportar perder a su fundador y jefe de filas, que sigue siendo carismático en las urnas, ni puede renunciar a una promesa central de su programa electoral, como la supresión del IMU. El PD, por su parte, no puede admitir que una sentencia del Supremo como la dictada contra Il Cavaliere sea ignorada. La oposición frontal a Berlusconi es lo único que mantiene unido al partido y motiva a su electorado. Ni centroderecha ni centroizquierda pueden permitirse ceder sin perder la confianza de sus bases ante unos comicios que parecen estar siempre a la vuelta de la esquina.

Se echan la culpa unos a otros. “Si la alianza de gobierno se rompe, no será por nosotros”, asegura Renato Schifani, portavoz de los senadores del PDL. “Sería difícil convivir con un partido que, sin escuchar nuestras objeciones, anuncia que votará echar a Berlusconi”. Daniela Santanchè, diputada muy cercana al líder del PDL, fue algo menos diplomática en una entrevista con La Repubblica: “El PDL está listo para hacer caer el Gobierno”, dijo.

Para el secretario general del PD, Guglielmo Epifani, “hay que respetar la ley”. “Está claro que votaremos sí a la expulsión [de Berlusconi]“. Todas estas declaraciones desestabilizan al Gobierno de Letta. El propio Berlusconi tuvo que pedir a los suyos que guarden silencio para que “la prensa no distorsione el debate interno”. Letta, por su parte, recibió a responsables del PDL para intentar salvar al Gobierno.