La inflación cae al 1,2% y mete aún más presión al BCE, con el paro en máximos

Es la menor subida de precio en tres años, tras moderarse en cinco décimas respecto a marzo El paro de los Diecisiete escala en abril al 12,1%, con Grecia (27%) y España (26,7%) a la cabeza El Banco Central Europeo debate este jueves una bajada de tipos y medidas de apoyo a las pymes

Fuente: Eurostat.
Fuente: Eurostat.EL PAÍS

La tendencia a encerrarse en su burbuja hace que el Banco Central Europeo apenas haga caso, a veces, de la tormenta. Es una actitud que algún comentarista ha llegado a calificar de autista, y que el jueves el Eurobanco está casi obligado a desmentir en su reunión mensual: Eurostat, la oficina estadística de la UE, ha anunciado que la inflación está en mínimos de los tres últimos años y que el paro acaba de romper su enésimo récord. Traducción libre: el Eurobanco persigue al fantasma equivocado; el problema del euro no es el nivel de precios, sino la total ausencia de perspectivas de crecimiento. Inaceptables cifras de desempleo y bajísima inflación: esos dos datos por sí solos bastan para añadir presión sobre el presidente del BCE, Mario Draghi, que hace solo un mes anunció que estaba listo para actuar si el entorno económico se deteriora aún más.

Desde entonces no ha habido un solo dato positivo, con la excepción de la engañosa tranquilidad en los mercados, inundados de liquidez. Con el continente metido ya en una segunda recesión, la inflación cayó hasta el 1,2% en abril, el menor nivel desde febrero de 2010 y el mayor desplome mensual en más de cuatro años. El objetivo del BCE queda ya lejos: está cerca del 2%. El Eurobanco, en fin, tiene margen para hacer algo más que cruzarse de brazos.

Hay varios indicadores adelantados que señalan que las cosas van a peor: los índices de confianza y de sentimiento económico de la industria, de los servicios, de casi todo. Incluso en Alemania esas cifras apuntan hacia territorio recesivo. Pero lo más preocupante es una tasa de desempleo que alcanzó un nuevo récord del 12,1% en marzo, y que además está muy mal repartida: Grecia y España se desangran con cifras de paro del 27%, mientras Austria y Alemania acarician el pleno empleo. La peor de las secuelas de la Gran Recesión es esa herida: 26 millones de personas están ya en una especie de ejército de reserva continental, con casi 20 millones de parados en la eurozona.

Por todo eso, Draghi estará mañana en Bratislava (Eslovaquia) en el punto de mira. Los analistas esperan una rebaja de los tipos de interés y alguna medida adicional ante la constatación de que su política monetaria no alcanza para mejorar la economía real; se queda en el limbo de los mercados. Varios ministros de los grandes países e incluso algún primer ministro (la canciller Angela Merkel y el español Mariano Rajoy) han presionado a Draghi en las últimas semanas, pese a que eso está expresamente prohibido por los tratados europeos. Y lo que es más grave: la fractura política empieza a ser evidente entre Alemania y los demás. La respuesta del BCE, como la de Bruselas, sigue siendo la más ortodoxa de entre los grandes bloques económicos: Europa ha optado por la austeridad fiscal y el BCE por la relativa austeridad monetaria, con políticas mucho menos ambiciosas que el resto de grandes bancos centrales del mundo. El resultado es un empacho de austeridad que ha sumido al continente en una situación peor que la de EE UU o Japón, pese a tener aún niveles de déficit o deuda inferiores.

Las grietas de esa estrategia empiezan a ser visibles. Incluso en Bruselas: “La emergencia social causada por la recesión y el paro ha dañado la confianza en los sistemas políticos y económicos de toda Europa”, advirtió el comisario László Andor, crítico con el exceso de recortes. Frente a esa reacción, que empieza a calar en París, en Madrid y en Roma —cuyo nuevo Gobierno acaba de anunciar que deja sin efecto subidas de impuestos por importe de 7.000 millones—, la Comisión sigue poniendo cara de póquer: “El dogmatismo del que se nos acusa es una caricatura”, señaló una portavoz del presidente José Manuel Barroso.

Fráncfort está justo en medio de ese fuego cruzado. Tiene un mandato y una tradición absolutamente germánicos. Y a la vez su gran preocupación en las últimas semanas se hace cada vez más patente: una fragmentación financiera que obliga a las empresas y consumidores de Madrid y Roma a pagar intereses mucho más altos por sus créditos que las empresas y consumidores situados en Múnich y Viena, independientemente de su solvencia. “Una rebaja de tipos es casi segura, y es una buena señal, pero apenas tendrá consecuencias. No resolverá el problema que más preocupa en el BCE, que es la diferencia de tipos de interés entre la economía real de la periferia y el Norte”, explica Jordi Galí, de la Pompeu Fabra. “No quedan muchas opciones: actuar a la americana, como la Reserva Federal —algo poco probable porque caldearía el ambiente político en Alemania— o meter en la nevera la austeridad”, asegura el analista Juan Ignacio Crespo.

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