Alegrías para la industria

La competitividad del sector productivo español pasa por la innovación y las tecnologías con las que desarrollar novedosos productos. Estos son algunos ejemplos

La biotecnología puede generar productos para el sector de la salud.
La biotecnología puede generar productos para el sector de la salud.M. Zafra

La empresa española necesita reindustrializarse urgentemente para ganar competitividad en un mercado mundial en el que los precios no perdonan. “Los países avanzados se han dado cuenta de que el desplazamiento de sus industrias a los países de bajo coste para fabricar más barato no funciona. Por eso Estados Unidos y Reino Unido se están planteando actualmente retornar sus industrias. Hay una reflexión sobre cómo reconstruir su tejido industrial”, mantiene Guillermo Dorronsoro, decano de Deusto Business School. Un planteamiento que también se hacen Alemania y Japón, aunque su posición sea mejor y que, igualmente, debe afrontar España, agrega.

Dorronsoro considera que para reconstruir nuestra industria y que sea más avanzada son necesarias dos premisas: pensar a largo plazo, que es como se crea valor en el sector productivo; e implantar actividades intensivas en conocimiento, como el diseño, las tecnologías y la innovación, puesto que España no puede competir en costes con los países especializados en la fabricación barata. “Si queremos tener industria, tenemos que invertir en ciencia y tecnología”, zanja el decano de la escuela de negocios vasca.

A falta de fijar una política industrial y las prioridades en el plan español de I+D, la reindustrialización del sector productivo, “que está muy diversificado, pero tiene una productividad bajísima”, según Ana Morato, directora de desarrollo de negocios de la EOI, pasa por hallar nichos de mercado en los que el tejido fabril nacional tendría mucho que decir. Su escuela trabaja en la búsqueda de estos nichos donde el sector industrial podría emplearse para ganar competitividad y romper su sectorialización, basándose en las nuevas tecnologías y la innovación para conseguir productos nuevos aplicables a actividades distintas a las tradicionales, mantiene.

La combinación de disciplinas es una de las claves para la reindustrialización

La directora de desarrollo de negocios de la EOI enumera algunas de las posibilidades para conseguir la modernización de la actividad productiva. El sector agroalimentario podría introducir sistemas de envasado activo, que permitiesen alargar la vida del producto o aportar información al consumidor sobre el estado del producto o avisar de su caducidad. O aplicar las tecnologías de conservación actuales para desarrollar alimentos preparados caseros o productos ecológicos con la incorporación de la biotecnología.

En el sector de la salud existen grandes posibilidades en el desarrollo de la teleasistencia domiciliaria, donde las soluciones tecnológicas ya se han inventado, pero hacen falta que se desarrollen los modelos de negocio que les den soporte, indica Morato. Otra oportunidad llegaría con la aplicación de las tecnologías de la información a la gestión sanitaria. O introduciendo los avances biotecnológicos para el diagnóstico de enfermedades y el desarrollo de nuevas terapias. Una nueva generación de biomateriales podría aplicarse a la fabricación de prótesis e implantes de última generación.

Morato considera que si la alicaída industria juguetera española implantase contenidos tecnológicos o digitales que triunfan en el negocio de los videojuegos, su supervivencia podría estar garantizada. O si la construcción introdujese construcciones modulares, como en otros países, se lograría un abaratamiento de la producción. O si los fabricantes de mobiliario aplicasen las nuevas tecnologías, obtendrían muebles conectados.

“Las empresas han de implicarse en las soluciones, no solo esperarlas del sector público”, dice Dorronsoro

Por supuesto, estas alternativas de futuro no son apuestas que generen rentabilidad inmediata. Porque, como señala Mari Jose Aranguren, directora de investigación de Orkestra, las nuevas actividades productivas no dan resultados antes de dos años de trabajo en la combinación de tecnologías transversales, como las bio y nano tecnologías, o las TIC, con las industrias tradicionales. Una conexión que en opinión de la representante de la entidad vasca que investiga cómo mejorar la competitividad de la industria de Euskadi mediante las nuevas actividades productivas es vital.

Aranguren pone algunos ejemplos de conexión de las tecnologías y la industria que ya han fructificado con éxito, que son la meta a seguir para la modernización del tejido productivo. La cooperativa de transformación de plásticos Maier ha utilizado la nanotecnología para producir unos embellecedores para automóviles con un nuevo material que, además de ser más resistente y estético, permite una producción mucho más barata. DMP se dedica a fabricar mecanizados de alta precisión para el sector aeronáutico, pero ahora ha empezado a usar estos productos para las prótesis dentales. Como Forja Iraeta, especializada en componentes de automoción, cuya sofisticada producción ha ampliado a la fabricación de hélices para el sector eólico.

Para Dorronsoro, “debemos cambiar entre todos la percepción de que las soluciones para la reindustrialización deben llegar del sector público. Es fundamental que se impliquen en ellas las empresas”.

Política necesaria

Esta semana, el Consejo General de Economistas alertaba de que el nuevo modelo productivo español que se lleva esperando años para acabar con el monocultivo del ladrillo y con la crisis todavía no ha llegado. Incluso parece que no se ha iniciado. La industria genera el 15,3% del valor añadido español y emplea a 2,5 millones de personas, dice el consejo en su informe. Además de tirar de otros sectores, como el de servicios, donde por cada empleo productivo se crean dos más. Por eso hay que apoyarla.

Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), se muestra muy poco partidario de los planes estratégicos y sectoriales impulsados por la Administración, a la vista de los escasos resultados que han dado hasta ahora. Y del ajuste monumental que ha protagonizado la industria, que le ha permitido ganar competitividad. “La clave es que el Gobierno invierta en impulsar la conectividad, la logística, y que confíe en que el sector productivo innove y se internacionalice”, asegura. En opinión de Lladós, en vez de subvenciones se deben promover los estímulos fiscales y la industria debe fomentar el hábito de la cooperación entre empresas, como hacen otros países, para mejorar su competitividad. “Sustentarla en el coste del factor trabajo, como hasta ahora, es un claro error”, añade.

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