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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Modernizar España

Muchos parecen haber olvidado el papel determinante que puede tener la tecnología

Una cuestión de fondo que rara vez ha aparecido en los titulares de prensa durante los últimos meses es la imperiosa necesidad de que España experimente una modernización de sus estructuras productivas y del entorno institucional y normativo. Lo que en algún momento ha venido a denominarse cambio de modelo productivo no es más que la constatación de que la estrategia de crecimiento que nos ha llevado a esta crisis no solo se agotó, sino que estaba indefectiblemente condenada al fracaso. Frente a unas economías emergentes pujantes y unos vecinos europeos que han sabido mantener elevados niveles de productividad y competitividad en sus empresas, nuestro país ha optado durante el mayor ciclo expansivo de su historia reciente por incorporar masivamente trabajadores poco cualificados a sectores muy intensivos en mano de obra. Este fenómeno es bien conocido, como también lo son sus nefastas consecuencias a largo plazo, pero nadie pareció advertirlo con la suficiente antelación como para evitar la situación actual.

La receta para aspirar a un futuro más prometedor pasa por incentivar la innovación, mejorar la calidad de todos los niveles de enseñanza y facilitar las condiciones para el nacimiento y posterior desarrollo de empresas en sectores de alto valor añadido. Pero este plan requiere inversión, tanto pública como privada, y no estamos en el mejor momento para conseguirla sin tomar decisiones muy difíciles, como los ajustes en el gasto público o en las condiciones salariales de las empresas.

Lo que muchos parecen haber olvidado ahora es el papel determinante que puede tener la tecnología, y en particular Internet, en el camino hacia la modernización de España. Cada día surgen herramientas que aportan soluciones a problemas reales a los que se enfrentan tanto las Administraciones Públicas como las empresas, pero su adopción todavía es lenta y, a menudo, carente de criterio. En la vertiente pública, a la complejidad de nuestra organización territorial se añade una clara falta de liderazgo y coordinación en las estructuras de Gobierno. Da cierta envidia ver cómo Estados Unidos dispone de un CIO (Chief Information Officer) y un CTO (Chief Technology Officer) que han sido los responsables de desarrollar una estrategia digital del Gobierno federal, transversal a todos los departamentos de la Administración de Obama.

Si tuviésemos que señalar algunas iniciativas para empezar a trabajar mañana mismo, podríamos pensar en primer lugar en hacer más eficiente y transparente la Administración Pública mediante la liberación de cuanta información sea susceptible de ser procesada y explotada para evaluar su calidad y generar valor para la sociedad. En segundo lugar, deberíamos simplificar los trámites a los emprendedores y utilizar Internet para desarrollar nuevas formas de financiación para nuestras pymes, apostando por el desarrollo de mercados financieros que aprovechen la reducción de distancias que ofrece Internet. Por último, no dejaríamos de apostar por reactivar el mercado laboral mediante políticas activas de empleo que ayuden a desarrollar habilidades con demanda en el mercado.

Álvaro Martín Enríquez y Diego Vizcaíno Delgado son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (AFI).

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