Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:DECORACIÓN

Caja de sorpresas

Un piso de 76 metros cuadrados convertido en dos estudios. Y en cada uno de ellos, un ejercicio de imaginación para conseguir máxima funcionalidad y espacio libre cuando se necesita.

El proyecto INSIDER, del estudio madrileño de arquitectura Elii (formado por tres jóvenes arquitectos: Uriel Fogué, Eva Gil y Carlos Palacios), consistió en la reforma de una vivienda para su transformación en dos apartamentos autónomos. El propietario buscaba un estudio en Zaragoza y fueron los arquitectos quienes le propusieron la operación. Comprar un piso de 76 metros cuadrados y dividirlo en dos estudios. Con el alquiler de uno de ellos se podía hacer frente a la totalidad de la hipoteca.

La reforma, que comprende dos viviendas completas articuladas mediante una zona común, permite -de manera reversible- eliminar las separaciones entre los estudios y conectar ambos ambientes, obteniendo una única vivienda convencional. Con el fin de ganar el máximo espacio y minimizar los costes de la ejecución, se concentra la actuación en la zona central, en la que se ubican las cocinas, los baños, el almacenamiento, los electrodomésticos, el acceso y los espacios de distribución. De esta manera se libera el espacio principal de cada una de las viviendas y se reduce la superficie de la intervención. Además, se crea un espacio de lavandería en la zona común.

El proyecto es reversible. Permite conectar ambos ambientes y obtener una única vivienda convencional

Cada vez que se accede o se abandona la vivienda, los usuarios dejan un rastro efímero en el acceso, ya que el acabado fotoluminiscente de sus superficies registra su paso por este pequeño pasillo que articula ambas viviendas y que aloja algunas de las funciones comunes.

Los espacios funcionales se relacionan con la zona de hogar mediante una serie de persianas, creando una fachada interior que provoca una extraña sensación de límites difusos entre dentro y fuera. El núcleo central se eleva del suelo 60 centímetros y aloja las instalaciones de fontanería, electricidad y saneamiento, integrando en este espacio la bañera y la ducha (que quedan enrasadas a nivel del suelo). Ambas situaciones permiten configurar diferentes disposiciones funcionales: abriendo o cerrando las persianas se pueden sacar o esconder algunos de los elementos de la casa, como la cocina, la cama, la escalera o la tabla de planchar.

Las viviendas resuelven su pavimento en la zona principal mediante tarima flotante de madera de roble gris, y en el núcleo se utiliza pavimento de linóleo continuo ligeramente acolchado, antideslizante, de color rosa. Toda la tabiquería es de placas de yeso laminado, y la separación entre baños se realiza mediante acristalamiento con vidrio laminar de seguridad con lámina de polivinilo de color blanco opal.

La iluminación consiste en un sistema de tiras de leds de bajo consumo integrado en los tambores de las persianas del núcleo central, luminarias fluorescentes en el espacio principal asociadas a las cocinas, y linestras de bajo consumo en el espacio de acceso y zona común.

En el proyecto se ha hecho hincapié en una estrategia de ahorro energético. Cada estudio dispone de unos dispositivos de medición que traducen el consumo eléctrico a códigos cromáticos vinculados a la iluminación de la vivienda y, a su vez, informan en tiempo real del gasto acumulado.

El acceso a cada casa se realiza mediante llaves de hotel que controlan los circuitos eléctricos secundarios. Estos dispositivos conllevan una reducción en la factura eléctrica de acuerdo a los experimentos domésticos estudiados y, además, ayuda a formar la conciencia ecológica de los inquilinos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de noviembre de 2011