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El tamaño de la mancha volcánica iguala ya la superficie de El Hierro

La erupción aumenta su peligrosidad a medida que se acerca a la superficie

Bernardo Marín

La erupción submarina en El Hierro se produce a 2,5 kilómetros de la costa y a solo 150 metros de profundidad, lo que ha hecho crecer la preocupación por que se vuelva explosiva, un riesgo que aumenta cuanto más cerca de la superficie se produce. Hasta ayer los datos que manejaban los expertos situaban la emisión de magma a unos 600 metros. Y hace apenas unos días, el profesor del CSIC Ramón Ortiz aseguró que la erupción podía volverse "peligrosa" si se producía a una profundidad inferior a 60 metros. Así, la nueva información facilitada ayer por el equipo de investigadores del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del CSIC hizo que el Gobierno de Canarias elevara el nivel de emergencia en La Restinga, la localidad más cercana a la erupción, a semáforo rojo nivel 1.

Hay un foco a solo 150 metros de profundidad y a 2,5 kilómetros de la isla
Cuanto menor profundidad, hay mayor riesgo de explosiones
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Sin embargo, Ortiz quiso ayer rebajar un poco la alarma. En estos momentos, la lava sube a la superficie acompañada de vapor y luego vuelve al fondo del mar haciendo crecer el edificio volcánico. En una segunda fase, a la que no tendría por qué llegarse, se divisaría una columna de vapor en la superficie y, más adelante, explosiones de color negro en forma de cola de gallo. Este sería el momento más peligroso, pero con las medidas tomadas hasta ahora, Ortiz cree que no habría riesgo para la población, Por último, podría emerger una isla: "Se acabarían los fuegos artificiales y veríamos surgir una fuente de lava incandescente", explicó Ortiz.

La del Hierro en estos momentos es una erupción surtseyana (bautizada así por la erupción en Surtsey, Islandia, en 1963). En esas condiciones, el agua vaporizada y los trozos de lava pueden ser proyectados a gran distancia.

La relativa calma que se vivía en la zona de la erupción se quebró ayer hacia las dos de la tarde, hora local. En ese momento, los científicos que sobrevolaban en helicóptero las manchas de azufre frente a las costas de El Hierro detectaron numerosos fragmentos de material piroclástico (trozos sólidos de material volcánico) humeantes, en una radio aproximado de 100 metros y rodeados de hileras de burbujas gaseosas. También observaron un cambio en la coloración de la cabecera de la mancha, por lo que dedujeron que la erupción se estaba produciendo a menos profundidad.

En ese momento, el buque científico Capitán Juan Lozano, que ayer llegó procedente de Gran Canaria para analizar muestras de las aguas, salió por precaución de la zona de las manchas y volvió a puerto. La dirección del Plan de Protección Civil por Riesgo Volcánico (Pevolca) prohibió inmediatamente el tráfico marítimo y aéreo en la zona y se prohibió totalmente el tráfico hacia la localidad de La Restinga, la más meridional de España, evacuada el pasado martes.

Aunque el municipio había sido desalojada, a los vecinos se les estaba permitiendo acceder de forma controlada. Un matrimonio de mediana edad, que estaba esperando pacientemente en el puesto de control situado en el cruce de Tacorón se quedó sin poder bajar "para dar de comer a las gallinas", contaron. Lo mismo le sucedió a la ciudadana alemana Gabriele Kruger, la última persona que fue evacuada del pueblo, y que hoy pretendía regresar a por unas medicinas.

La Guardia Civil desalojó inmediatamente a los vecinos que se hallaban en el pueblo para recoger objetos o enseres de trabajo, como era el caso de Iñaki Callón, propietario de un club de buceo en la zona que había bajado a recargar bombonas de oxígeno. "Nos dijeron que nos marcháramos enseguida", explica.

Mientras, en la localidad de El Pinar, capital del municipio del mismo nombre, al que pertenece La Restinga, se vivieron momentos de incertidumbre. Un vehículo del Ayuntamiento recorrió las calles de la localidad para desmentir el rumor de que se había ordenado su desalojo, pero algunos vecinos entendieron lo contrario y salieron de sus casas alarmados. Por la tarde se había recuperado la tensa normalidad en la localidad, de unos 1.000 habitantes.

La alarma por la erupción no ha paralizado el municipio, aunque sí se teme, y mucho, por su economía. Suspendidos el buceo y la pesca en La Restinga, ahuyentado el turismo, el Ayuntamiento decidió por unanimidad declarar el estado de emergencia social y económica en el municipio. Ya es la segunda localidad que lo hace, de las tres que hay en la isla. El de La Frontera, perjudicado sobre todo por el cierre del túnel que lo comunica con la capital, el puerto y el aeropuerto, ya lo declaró el pasado 6 de octubre.

Cronología de la crisis

- La alerta. El 19 de julio, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) registra actividad sísmica inusual bajo El Hierro.

- El semáforo amarillo. El Gobierno de Canarias eleva la alerta volcánica de verde a amarillo tras un terremoto de magnitud 3 el 22 de septiembre. Cinco días después, se cierra el túnel de Los Roquillos.

- La erupción submarina. Un seísmo de magnitud 4,3 sacude la isla el 9 de septiembre. Es preludio de erupción submarina cuyos indicios empiezan a aparecer al día siguiente a cinco kilómetros al sur de La Restinga y a 970 metros bajo el mar. El volcán libera magma y gases que afectan a la fauna marina, pero no a la población. La alerta sube a rojo en la zona, mientras permanece en amarillo en el resto de la isla.

- Los dos focos. El 11 de octubre se producen otros dos seísmos al suroeste de la isla y se evacua La Restinga. Un comité de emergencia se reúne en La Moncloa. Al día siguiente se hallan manchas con olor a azufre a solo 2,8 kilómetros del litoral y peces muertos. La erupción, se confirma, tiene dos focos.

- La lava incandescente. La gran mancha de azufre llegó a la costa de El Hierro el pasado viernes. Y ayer, se halló material piroclástico (fragmentos de rocas y gases) humeante. La erupción está a 150 metros de profundidad, lo que aumenta el riesgo de explosión.

Sobre la firma

Bernardo Marín
En EL PAÍS desde 1997, es jefe de boletines en el equipo de Estrategia Digital. Antes fue integrante de la Unidad de Edición, redactor jefe de Tecnología, director de Retina, subdirector de las ediciones impresa y digital, y responsable y fundador de la redacción de México. Es profesor de la Escuela de EL PAÍS y autor de 'La tiranía del clic'.

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