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Sola con el fantasma del amianto

Muere otro extrabajador de la fábrica Uralita de Getafe expuesto durante 22 años al aislante - Su viuda y sus hijos planean denunciar a la empresa

Agustín Gutiérrez estuvo 22 años cortando y reparando tubos que contenían amianto en la fábrica de Uralita de Getafe. En este último año su salud empeoró: se le diagnosticaron placas y engrosamiento pleurales y asbestosis, enfermedades que pudieron desarrollarse por su exposición durante tanto tiempo al polvo del mineral que servía como aislante. Ahora tenía que ir acompañado a todas partes de una bombona de oxígeno que le ayudaba a respirar. De vuelta de pasar unos días en Sahagún (León), su pueblo natal, hizo un gran esfuerzo al subir las escaleras de su casa. Arriba llegó agotado y poco después murió. Era 24 de agosto, tenía 81 años. "El amianto me ha dejado sola antes de tiempo", lamenta la viuda, Paulina Díaz-Caneja.

Sanidad creó un registró de perjudicados por el mineral

La Asociación de Víctimas del Amianto, creada por extrabajadores expuestos al mineral, considera a Agustín Gutiérrez como otro de los 3.000 afectados por este material tan corrosivo para el pulmón, usado por barato, ligero y resistente en la construcción de miles de edificios. "La empresa no le dotó de los elementos necesarios para preservar su salud. Agustín inhaló, como otros muchos, grandes cantidades de amianto", incide el presidente de la asociación.

Los cinco hijos del fallecido estudian denunciar a la empresa en la que trabajó tantos años su padre, afincada en Getafe y que cerró en 2007. Un estudio de la Consejería de Sanidad en 2002 reveló que esta ciudad es la más castigada por la exposición al amianto. El informe contabilizaba 57 muertes en Madrid entre 1991 y 1998 y preveía un incremento de la mortalidad hasta 2018.

En el caso de Agustín Gutiérrez, su familia vio cómo su estado de salud se fue deteriorando por las enfermedades relacionadas con el pulmón. En el último año las visitas a urgencias eran constantes. A Agustín le costaba mucho respirar. "Era un hombre de andar mucho, daba muchos paseos. Pero poco a poco se fue quedando sin fuerzas, sin ganas de nada. Cada vez le costaba más", cuenta Paulina. Tras dejar la fábrica, Agustín, padre de cinco hijos, trabajó como lechero, oficio que le hacía subir y bajar escaleras de edificios todo el día, hasta que no pudo más y se jubiló.

Su caso, según la asociación, es muy parecido al de otros trabajadores que estuvieron en contacto con el amianto. Sanidad creó un registró de perjudicados por el mineral, cuyo uso está prohibido ahora, que incluyó a 5.123 personas, de las cuales centenares de ellas aún no habían sido localizadas el año pasado. La idea de ese registro es hacer un mejor seguimiento de la salud de los trabajadores.

El amianto produce, de acuerdo a los expertos de Neumología del Carlos III, cáncer de pleura, un tumor con incidencia muy baja en el resto de la población. No solo los trabajadores de la construcción han estado expuestos a sus efectos. Un equipo de neumólogos del hospital Arquitecto Marcide de Ferrol ha probado que el amianto fue la causa directa de la muerte de 30 operarios de los astilleros públicos de la ría. En ocasiones es difícil demostrar la relación que existe entre el cáncer de pulmón y una prolongada exposición al mineral. Demostrar ese nexo es lo que buscan las asociaciones como la que ha dado a conocer la historia de Agustín.

La viuda cree que haber estado en contacto con el amianto le ha acortado la vida a su compañero de vida durante 60 años y ha hecho que este último periodo de su existencia fuese difícil: "Ahora que podíamos vivir más tranquilos, con los hijos ya criados y disfrutando de los nietos, él se ha muerto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de septiembre de 2011