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Reportaje:

El sonido de nuestro tiempo

Fleet Foxes parte de la tradición para redefinir el rock contemporáneo - La banda edita uno de los discos más esperados del año y encabeza el Primavera Sound

En teoría, Robin Pecknold (Seattle, EE UU, 1986) no debería estar tan tranquilo. El músico publica la semana que viene el acostumbradamente peliagudo segundo disco (titulado Helplessness blues) con su banda Fleet Foxes. Su predecesor, editado en 2008, presenta un listón difícil de superar. Aquel debut, de título homónimo, cambió la historia de todo un género, y situó probablemente al folk contemporáneo como el sonido que mejor resume el espíritu de este tiempo convulso. Fue aupado por los especialistas a la categoría de clásico, se convirtió en un fenómeno insospechado de ventas (alcanzó lo más alto de las listas británicas) y la crítica le otorgó un merecido sobresaliente.

Con estos antecedentes, no deberían faltarle a Pecknold razones para estar ansioso. Pero durante la entrevista en Londres, se muestra sosegado, reflexivo y también inesperadamente ambicioso. Desde los 15 años trabaja con el objetivo de comparar sus esfuerzos con músicos precoces como Bob Dylan y Brian Wilson. "¿Que si estoy acercándome a sus logros? Veamos cómo funciona el nuevo álbum y luego decidiré", responde riendo este músico, famoso por su alergia a las entrevistas.

Pecknold: "¿Que si alcanzaré los logros de Dylan? Veamos cómo va el álbum"

Los temas de su primer trabajo no fueron sino "felices accidentes", dice. Unos imprevistos afortunados, que se pierden entre bosques nocturnos y montes nevados. Que destilan un asombro maravillado ante el mundo. "No es posible repetir esa inocencia", asegura Pecknold. "El segundo disco muestra una búsqueda más profunda en las relaciones humanas. Para bien o para mal, has de reflejar quién eres en ese momento y ser natural".

El repentino éxito del hoy sexteto hizo que la lista de actuaciones -rituales de comunión masiva, seguidos con un silencio sepulcral del público- se alargase. Y eso retrasó la publicación de Helplesness blues casi dos años. Pese a ello, Pecknold no ha caído en el cliché rockero de lamentar la gloria tras alcanzarla: "He evitado himnos sobre lo dura que es la vida en la carretera; es algo que detesto. Pero he querido incluir la idea de que formar parte de un grupo e ir de gira tiene elementos negativos. Puedes obsesionarte contigo mismo y dedicarte a la música a expensas de todo lo demás". De su ambiciosa forma de afrontar un concierto habrá una prueba a finales de mayo en el festival Primavera Sound, cuyo cartel encabezan.

Uno de los pilares del sonido de Fleet Foxes son las complejas y exquisitamente empastadas armonías vocales. Lo que no siempre denota buenas vibraciones entre los cantantes. "Crosby, Stills y Nash estaban de bronca constante. Cualquier proceso creativo implica múltiples opiniones. No existe la banda que coincida en todo. Sin embargo, las armonías vocales ayudan a solidificar la unión".

El músico admite que no es fácil haber fundado la banda junto a su amigo del alma y guitarrista Skyler Skjelset: "Los mejores amigos a veces se odian y se toman las cosas como algo personal. Ambos hemos cambiado mucho, en ocasiones no nos hemos llevado bien. Pero siempre lo solucionamos".

Fleet Foxes es la joya de la corona de la escudería del renovado sello Sub Pop, célebre por legar al mundo en los noventa la rabia nihilista del grunge de Nirvana o Soundgarden. Pecknold, barbudo, vegano y coleccionista de camisas de cuadros podría pasar por un remanente de la escena rock de los noventa, pero escucha la pregunta sobre el pasado musical de su ciudad natal con hastío. Prefiere fijarse en la California de los Beach Boys o el revival del folk británico. "Escuchaba a Nirvana cuando era joven. Es difícil evitarlo en mi ciudad, pero hay que avanzar".

Como buen chico de 25 años que es, recibió su educación musical a fuerza de descargas no autorizadas: "Esa es la manera en la que descubrí los artistas que todavía me gustan". El Myspace de Fleet Foxes registró más de 250.000 reproducciones antes de publicar su primer trabajo de estudio. El cantante y guitarrista, consciente de que Internet facilitó su éxito, está a favor de que sus discos se adquieran de manera gratuita. "Si hiciera sillas y alguien me las robase, las reclamaría. Pero la música en sí no tiene un valor intrínseco", reflexiona. "Las discográficas ejercen control sobre el producto físico para el que establecen un precio arbitrario, no sobre la música. Antes te dejaban escuchar una canción gratis en la radio para que compraras el disco. Ahora, la idea es que te descargues el disco entero para que te entren ganas de ir al concierto. Prefiero que alguien compre mi álbum porque le gusta la música o el diseño. No que lo adquieran, no les guste, se sientan engañados y terminen aborreciéndome".

Pecknold rehúsa participar en las maquinarias promocionales de la industria. Mantiene el misterio respecto a las letras, confiesa que se deja barba, no tanto por lo que aconsejan las revistas de tendencias, como porque sin ella su cara resulta "demasiado amigable". Y ha llegado a afirmar que su nuevo disco será "más aburrido" que el anterior. Difícilmente un reclamo para seguidores potenciales: "En realidad no creo que sea aburrido... el caso es que mi umbral del tedio es más alto que el del resto de los mortales. Yo no equiparo ruido con diversión".

Una mirada atrás... para tomar impulso hacia el futuro

"Ojalá fuese 1965 de nuevo", cantaban The Barracudas en 1980. Eso es lo más habitual cuando un grupo busca inspiración en el pasado. Pero

no toda mirada atrás busca

el mimetismo. Fleet Foxes marcan el camino a bandas

que parten de su herencia

para impulsarse hacia el futuro.

- Akron / Family. "Una banda de rock experimental con ascendiente folk". La Wikipedia refleja lo extraño que resulta

el sonido de esta banda de Portland. En febrero editaron su quinto disco, compuesto en una cabaña en las faldas de un volcán japonés activo y grabado en una estación ferroviaria abandonada de Detroit.

- Iron & Wine. El estadounidense Sam Bean es de los que opina que lo tradicional es capaz de digerir todo tipo de influencias sin contaminarse. Así, incluye sonoridades africanas y efectos electrónicos en su folk. Algo que queda claro en su cuarto disco, Kiss each other clean.

- Antònia Font. Este grupo mallorquín define su estilo como costumbrismo espacial. Con un ojo en Sisa y otro en

la taberna de La guerra de las galaxias, su nuevo disco, Lamparetes, ha entrado en

el número tres de las listas.

- Panda Bear. Tras el apodo se oculta Noah Lennox, uno

de los miembros de Animal Collective. Su cuarto trabajo en solitario, Tomboy, no se desvía demasiado ni de su camino ni del de su grupo madre: coros playeros, samplers, teclados

y baterías electrónicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de abril de 2011

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