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Los zares del teatro celebran su arte en San Petersburgo

Peter Stein y Yuri Ljubimov, protagonistas de la entrega del Premio Europa

Quizá lo más interesante de la cita bianual con la gran creación dramática que supone el Premio Europa de Teatro no sea su fenomenal capacidad de convocatoria de creadores, especialistas, críticos, investigadores y el resto de la variopinta jungla profesional que conforma el hecho teatral. Acaso lo más importante sea que se representan en unos pocos días y en la ciudad elegida (en su decimocuarta edición, la itinerancia ha recaído en San Petersburgo) montajes de todos los premiados. Como los dos que se han podido ver en la capital más escénica de Europa (80 teatros espectaculares para cinco millones de habitantes) del alemán Peter Stein, premio Europa de Teatro; u otro de Yuri Ljubimov, en quien ha recaído el galardón especial

La gala tuvo lugar en el Alexandrinsky, el teatro más antiguo de Rusia

La cita ha servido para intercambiar fórmulas de trabajo entre los asistentes

En San Petersburgo también se han concedido los galardones de la duodécima edición de los Premios Europa a Nuevas Realidades Teatrales para seis artistas innovadores, que han aprovechado la ocasión para propiciar encuentros y lugares de confrontación entre los modelos expresivos del nuevo teatro europeo: han compartido problemas, sus poéticas y líneas de intervención cultural. Los convocados fueron el eslovaco Viliam Docolomansky y sus espectáculos de teatro-danza con los que rescatar a las minorías en contraposición a las culturas dominantes; el finés Kristian Smeds, que ha hecho un espectáculo visionario de la novela de Paul Auster Mr. Vertigo; el interesante y físico teatro Vesturport, de Islandia; el portugués Teatro Meridional; la británica Katie Michell, que habló de sus intensísimos periodos de ensayos; y el ruso Andrej Moguchiy y su travesía a través de Maeterlinck.

Los premiados tuvieron que ceder protagonismo al Alexandrinsky, el teatro profesional más antiguo de Rusia. Resultó emotivo en la gala de entrega (celebrada el domingo por la noche) que la organización reservase las mismas butacas que los grandes hombres del teatro ruso utilizaban allí muchas tardes para que fueran ocupadas por los homenajeados. Por ejemplo, el viejo lugar de Dostoievski fue el destinado a Yuri Ljubimov, que recibió con una cerrada ovación el galardón otorgado a su categoría artística y a la importancia que su teatro Taganka. En un discreto palco estaba Peter Stein, en el sitio de Pushkin, y al director ruso Lev Dodin -premiado en la octava edición y rescatado en esta con un bellísimo montaje de Tres hermanas, de Chéjov- le tocó en suerte, claro, la butaca del autor de La Gaviota.

La intensa actividad de estos días a orillas del río Neva ha servido también para compartir fórmulas de trabajo, para ahondar en la idea de la Unión de las Academias y Escuelas de Teatro en Europa, y para celebrar eventos de otros organismos teatrales. Los montajes programados (aunque no faltaron trabajos sobresalientes como el de los representantes islandeses) no alcanzaron por lo general a sorprender decisivamente. Tampoco se registraron deslumbramientos como los propiciados en otros años por los premiados en el apartado de las nuevas realidades, como Anatoli Vasiliev, Eimuntas Nekrosius, Cristoph Marthaler, Sara Khane, Tomas Ostermeier, Simon McBurney, Oskaras Korsunovas, Alvis Hermanos, Pippo Delbono o los españoles Comediants y Rodrigo García. Creadores que, en muchos casos, dieron su gran salto tras ser reconocidos por el Premio Europa de Teatro.

Hasta el espectáculo de Stein, The broken jug (El cántaro roto), de Heinrich von Kleist, puesto en pie con el mítico Berliner Ensemble, no logró encender las emociones de muchos de los espectadores. Y eso que Stein es uno de los creadores teatrales que mayores innovaciones escénicas ha aportado al teatro europeo, desde que en 1970 sorprendió con montajes de la Schaubuhne de Berlín (La Orestiada, un grandioso Fausto interpretado por Bruno Ganz), hasta sus trabajos de los últimos años (Demonios de Dostoievsky o Edipo in Colono, interpretado por Klaus Maria Brandauer). También actuó en la ceremonia con Faust-Sinfonía. En ella, Stein interpretó a todos los personajes acompañado de un piano y lució algo desconcertado; no le habían dejado el teatro para ensayar. Tuvo que aprovechar un descanso con espectadores para practicar. Su visible enfado no fue el único vivido estos días en San Petersburgo. Las quejas por la mala organización fueron más de las deseables.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de abril de 2011