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Catástrofe en el Pacífico

Fukushima ante la hora de la verdad

Japón lucha a la desesperada con helicópteros y cañones de agua para refrigerar los reactores más dañados de la central y evitar una nube radiactiva

Japón luchaba ayer contra el reloj para evitar una catástrofe nuclear. Helicópteros militares y camiones con mangueras arrojaron ayer toneladas de agua sobre la central atómica de Fukushima I para restablecer el nivel de agua en los tanques de enfriamiento en los que se almacenan las barras de combustible usadas, que representan el mayor riesgo para que se produzca una fuga de radiación masiva a la atmósfera. Los ingenieros trabajaron también a marchas forzadas para conectar una línea de electricidad con la que poder arrancar las bombas del sistema de refrigeración del complejo. Por la tarde (hora peninsular española), el Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) anunció el tendido del cable, un paso clave para multiplicar la capacidad para refrigerar la nuclear, aunque faltaba por ver el estado de los equipos.

El reactor 3 es el que más preocupa, porque contiene plutonio

Los ingenieros intentan restablecer la electricidad para refrigerar la planta

La temperatura del reactor 4 llegó a 84º, más del triple de lo habitual

El alto nivel de radiactividad dificulta las tareas en la central

La planta atómica resultó seriamente dañada durante el terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter y el consiguiente tsunami ocurridos el viernes de la semana pasada en Japón. El Gobierno asegura que tres de los seis reactores de la instalación están en una situación relativamente estable.

Tokio trató a la desesperada durante todo el día de refrescar las instalaciones con los helicópteros y los cañones de agua dirigidos desde camiones cisterna.

Mientras los expertos japoneses intentan, una tras otra, diferentes soluciones, el organismo regulador de la energía nuclear en Estados Unidos advirtió de que existe la posibilidad de que el tanque de enfriamiento de las barras de combustible usadas del reactor número 4 -alcanzó los 84 grados centígrados cuando lo normal son 25- se haya secado y de que otro de los tanques tenga fugas.

La agencia atómica japonesa afirmó que no podía confirmar si el agua cubría aún las barras. Tokyo Electric Power (Tepco), la compañía que opera la central, aseguró el miércoles que creía que el tanque aún tenía agua, y advirtió que su prioridad era el tanque del reactor número 3, sobre el que ayer fueron arrojadas desde helicópteros alrededor de 30 toneladas de agua. Las aeronaves, reforzadas con plomo en la panza para evitar la radiación, lanzaron 7.500 litros de líquido en cada uno de sus cuatro vuelos. El día anterior, habían fallado los intentos, debido al alto nivel de radiación. Dos de los cuatro lanzamientos de agua efectuados ayer, en medio de un fuerte viento, tuvieron éxito.

El reactor 3 es el más preocupante porque contiene plutonio junto con el uranio. El plutonio es un elemento muy peligroso, ya que puede causar cáncer aunque sea ingerido en cantidades muy pequeñas.

Tepco afirmó que las excavadoras estaban intentando despejar el camino hasta la planta para permitir a los camiones de bomberos acercarse a los reactores y utilizar las mangueras para enfriar las instalaciones.

Una gran dificultad añadida a la tarea de refrigerar los reactores es el alto nivel de radiactividad en la central, probablemente letal en un corto espacio de tiempo para los trabajadores de los equipos encargados de esa labor.

Japón dijo que EE UU planea hacer volar a gran altitud un avión teledirigido sobre el complejo atómico para averiguar el estado de la situación, y afirmó que Washington había ofrecido enviar expertos nucleares.

El Gobierno de Tokio ha urgido a la población que se encuentra a menos de 30 kilómetros de la central a que no salga a la calle, aunque Estados Unidos ha dicho a sus ciudadanos que viven a menos de 80 kilómetros que se vayan de la zona o permanezcan en el interior de los edificios "como precaución", lo que revela las diferencias existentes entre los dos países. Estados Unidos ha dictado medidas de seguridad más estrictas que las anunciadas por Japón y ha lanzado advertencias que contradicen informes japoneses que son más optimistas. Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, intentó minimizar las fisuras entre los dos aliados, y dijo que los responsables estadounidenses estaban haciendo sus recomendaciones después de analizar de forma independiente los datos que les llegan de la región. "Esto es lo que haríamos si el incidente estuviera ocurriendo en EE UU", declaró, informa Associated Press.

Los problemas de la central de Fukushima y otras plantas han desestabilizado la red eléctrica japonesa, hasta el punto que han forzado apagones en algunos barrios de la capital y provocado problemas en algunos servicios financieros. El banco Mizuho dijo que todos sus cajeros automáticos del país fallaron dos veces a lo largo del día, debido a un número excesivo de transacciones en algunas sucursales.

La perspectiva de una grave catástrofe nuclear ha desviado la atención de la situación que atraviesan los centenares de miles de personas que se han visto afectadas por el terremoto y el tsunami, y que se encuentran en campos de refugiados en difíciles condiciones. Las últimas estimaciones cifran el número de muertos en la catástrofe en casi 15.000 personas; de ellas, 5.457 son fallecidos confirmados oficialmente y 9.508, desaparecidos. Muchos de estos nunca serán encontrados, ya que algunos cuerpos fueron posiblemente arrastrados por el agua en su retirada hacia el mar y otros pueden estar sepultados bajo el lodo.

El Pentágono afirmó que las tropas que están trabajando en las labores de ayuda a los damnificados por el maremoto solo pueden acercarse a menos de 80 kilómetros de la central con permiso. Los soldados reciben píldoras contra las radiaciones antes de entrar en zonas donde es probable que haya radiactividad, en el peor desastre atómico que ha sufrido el mundo desde Chernóbil, en 1986.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de marzo de 2011