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Crítica:FERIA DE INVIERNO

Una corrida sin memoria

La corrección imperante obliga a decir que fue una corrida correcta y divertida. Tres figuras modernas en supuesto estado de gracia, toretes comerciales, chicos, nobilísimos y blanditos, seis orejas y un público en exceso generoso.

Pero nada nuevo en el horizonte. Fue una tarde de comienzos del año 2011, pero un calco de cualquier festejo de cualquier plaza y temporada perdidas en la memoria.

¿Qué ha quedado de ayer para el recuerdo? Quizá, un par de naturales grandes, verdaderamente importantes de Alejandro Talavante en su primero, y aquí se acaba la presente historia. Pero hubo más, claro que sí: la demostración evidente de que el toro sigue siendo el mismo animal feble, bueno y con cara de bobo, que desprende buenas intenciones y produce mucha lástima; ese toro que abunda como una maliciosa plaga en los campos y que amenaza con acabar definitivamente con este espectáculo. Ese toro de hoy no sirve para esta fiesta eterna basada en la casta, en la fiereza y en la bravura de un animal poderoso y retador que produce miedo y eleva a la gloria al matador que consiga vencer en la ardiente pelea.

GARCIGRANDE / EL JULI, MANZANARES, TALAVANTE

Cinco toros de Garcigrande, de escasa presentación, blandos y muy nobles; el segundo, de Domingo Hernández, chico y con genio.

El Juli: estocada trasera y dos descabellos (oreja); pinchazo

y estocada (oreja).

José M. Manzanares: estocada trasera -aviso- (oreja); estocada contraria -aviso- (oreja).

Alejandro Talavante: estocada trasera (dos orejas); tres pinchazos y casi entera (aplausos).

Palacio de Vistalegre. 26 de febrero. Primera corrida de la Feria de Invierno. Casi tres cuartos de entrada.

Este toro de hoy no sirve para esta fiesta eterna basada en la fiereza y casta

Fue un calco de cualquier festejo de cualquier plaza y temporada perdidas

Pero ahora no hay pelea; ni siquiera, una riña. Todo lo más, un manoteo de patio de colegio infantil e insulso.

Y otro asunto más grave: ese toro bonancible y ayuno de fuerzas exige delante un artista engrandecido y poseedor del misterio que sea capaz de convertir la lidia en un sentimiento indescifrable.

¿Quién se atreve a ponerle un pero a El Juli? Este torero ha alcanzado las más altas cotas de la madurez técnica. Posiblemente, tiempo hace que tocó su propio techo. El toro y el toreo parecen no tener secretos para él. Su aparente suficiencia es aplastante, y maneja los engaños con una facilidad que asusta. El problema de El Juli es que con estos toros no dice nada. Y mira que se le ve comprometido y responsabilizado en el ruedo... A El Juli le falta el misterio. ¿Estuvo mal, acaso? No, por favor. Pero parece que no queda nada de su paso triunfal por Vistalegre.

Por artista se le tiene a Manzanares; y a fe que lo es. Al menos, su estampa desprende torería. Es verdad. Y se cuida mucho, como todos los artistas. Es decir, que procura que sus enemigos tengan cara y modales de amigos íntimos. No fue así su primero, un novillote que derrochó genio y lo puso en apuros con su constante cabeceo; lo incomodó y achuchó sobremanera, y obligó al torero a pelearse de veras para no perder un enfadillo molesto que se le iba de las manos. Al final, su labor resultó deslavazada, carente de peso y de poco fuste. Algún derechazo al quinto brilló con luz propia, pero la invalidez del toro le impidió dejar claro que lo de artista tiene un fundamento.

Y Talavante, tan irregular casi siempre, firmó el detalle emocionante de la tarde: un par de naturales de categoría, largos y eternos, y lentos. Y, después, tres derechazos que se transformaron en circulares por la nobleza y fijeza del toro y la privilegiada muñeca del torero. La lidia del sexto fue tan irregular como acostumbra el propio Talavante.

Una corrida sin memoria, vulgar, una de tantas de las que se celebran por esos pueblos de Dios. De verdad, de verdad que estos toros y estos toreros no se merecen este espacio. Se salvan solo porque sus naderías las hacen en Madrid, aunque en plaza de segunda. ¡Pues vaya mérito...!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de febrero de 2011