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A hachazos en el centro de salud

Tres trabajadoras de un ambulatorio, graves tras ser agredidas por un hombre- Dos policías locales detuvieron al supuesto agresor instantes después

"Todo ha sido muy rápido. Hemos visto a un hombre que ha sacado un hacha de debajo de la cazadora y ha empezado a dar hachazos a diestro y siniestro". Así contaba Heliodoro Martín Portela, un vecino de Fuenlabrada (199.000 habitantes), el ataque que sufrieron ayer tres trabajadoras del centro de salud de Los Naranjos. Un hombre agredió sin mediar palabra a las trabajadoras, que resultaron heridas graves -con arrancamiento del cuero cabelludo y amputaciones en las manos de diversa consideración-, según informó un portavoz de Emergencias 112. Instantes después fue arrestado por dos agentes de la Policía Local que patrullaban por la zona.

Eran las 12.30. En el centro de salud había poco público. Justo detrás del mostrador de recepción estaban dos auxiliares, llamadas Pilar, y una enfermera, de nombre Concepción. No había nadie esperando para coger cita. Fue entonces cuando entró A. E. B., un hombre de 1,80 metros, con perilla y corpulento. Se dirigió hacia el mostrador y al situarse junto a él, sacó un hacha recién comprada y la emprendió con una administrativa. "Le dio en toda la cabeza, sin que la mujer se esperara un ataque así. La mujer cayó al suelo y se fue arrastrando hasta un cuartito pequeño que hay junto a la recepción", recordaba Heliodoro Martín, que subía a la primera planta para una revisión.

Los médicos de La Paz intentan reimplantar la mano a una víctima

El atacante, un marroquí de 40 años sin antecedentes, dio la vuelta al mostrador mientras gritaba: ¡"Os voy a matar, os voy a matar"! Las trabajadoras intentaron refugiarse en el pequeño habitáculo, de poco más de un metro cuadrado. "Mis compañeras estaban dando unos gritos aterradores, pidiendo auxilio", recordaba después María Ángeles, otra trabajadora. Pensé que se había caído alguien por las escaleras. Cuando salí vi cómo estaba agrediendo a Pilar."Estaba pegando los hachazos con las dos manos. Me he quitado la bata y he salido corriendo afuera", añadía la empleada, que se subió a una grúa estacionada en la calle: "Pensé que había matado a alguien. Me daba mucho miedo volver al centro".

Los chillidos de "¡por favor, por favor, ayuda!" de las enfermeras se oyeron en todo el edificio. Algunos pacientes de la primera planta, como Roberto, bajaron a ver qué estaba pasando. Cuando llegaron, vieron que el hombre seguía pegando hachazos dentro del habitáculo. Allí hirió a la otra administrativa y a la enfermera. Algunos usuarios del ambulatorio le empezaron a intimidar con sillas. Uno cogió el palo de una fregona para intentar quitarle el hacha. "Voy también a por vosotros", llegó a decir el atacante. Otra empleada, de nombre Celia, logró guarecerse tras la puerta de la habitación, sin que el agresor se percatara de su presencia. A gatas logró salir ilesa del lugar pasando entre las piernas de A. E. B.

El hombre, lejos de ponerse nervioso o intentar defenderse, se dio media vuelta y salió del centro. Y lo hizo tal y como había entrado, sin soltar una palabra más. "Se marchó a paso ligero, pero sin estar nervioso. De vez en cuando miraba para atrás", recordaba Heliodoro Martín. Le siguieron a distancia dos personas, entre las que estaba Roberto. Giró por la izquierda.

Llegó hasta la entrada de un bar donde llamó la atención de dos policías locales de una patrulla de barrio que se extrañaron ante la visión de un transeúnte que iba por la calle con un hacha en la mano. Le cruzaron el coche y se bajaron del vehículo. "En ese momento, el hombre arrojó el hacha, se arrodilló y puso las manos hacia atrás para que le esposaran. No se resistió en ningún momento", relataron fuentes policiales.

Los policías municipales le llevaron a comisaría, donde intentarán tomarle declaración hoy por la mañana. Anoche se estaban haciendo gestiones para ingresarlo en un centro psiquiátrico ya que puede sufrir algún problema mental grave.

Mientras, en el centro los médicos y enfermeros del centro de Los Naranjos curaban a las compañeras heridas. La peor parte se la llevó la administrativa Pilar, de 55 años. Sufrió semiamputación de la mano izquierda y amputación de la falange de un dedo de la mano derecha, además de levantamiento del cuero cabelludo (scalp). Fue trasladada por el Summa con pronóstico grave al hospital La Paz. Fue intervenida de urgencia para intentar reimplantarle el miembro semiamputado. Anoche continuaba la operación, que iba a prolongarse hasta la madrugada de hoy. Primero la atendieron los neurocirujanos y después estaba previsto que pasase a los cuidados de los cirujanos plásticos.

La otra administrativa, también de nombre Pilar, y de 51 años, sufrió la amputación de la primera falange del dedo índice de la mano derecha y también levantamiento del cuero cabelludo. Tras ser atendida en primera instancia en el hospital de Fuenlabrada, la ingresaron en la fundación Jiménez Díaz, también con pronóstico grave.

La enfermera, Conchi, de 46 años, presentaba arrancamiento del cuero cabelludo. Recibió los primeros auxilios en el hospital fuenlabreño, pero luego fue ingresada con pronóstico grave en el hospital 12 de Octubre. Fuentes médicas señalaron que las heridas que recibieron las trabajadoras fueron de defensa: colocaron las manos y los brazos para impedir que su agresor las asestara los hachazos en órganos vitales.

Tras atender a los heridos, los médicos de una UVI móvil del Summa trasladaron a la herida más grave a La Paz. Los facultativos también tuvieron que hacer frente a tres crisis de ansiedad que sufrieron sendos trabajadores. También acudieron psicólogos del Ayuntamiento de Fuenlabrada, que atendieron a los empleados que lo solicitaron.

El consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, y el alcalde de Fuenlabrada, Manuel Robles, se desplazaron al centro de salud para interesarse por las víctimas y los trabajadores del ambulatorio. El titular de Sanidad confirmó que el hombre que atacó a las empleadas pertenecía a ese centro, pero que no era conocido por los facultativos. No había acudido desde hacía tiempo a consulta. "Es increíble e inconcebible que alguien entre en un centro de salud y lleva a cabo unos hechos como estos con profesionales que se dedican a salvar vidas", afirmó Fernández-Lasquetty. A esas declaraciones se sumó el regidor fuenlabreño. Ambos mostraron su "calor y cariño" ante los momentos de dolor.

El consejero rechazó en principio poner seguridad al centro, ya que en Los Naranjos no se había producido ninguna agresión desde hacía años. "Desde luego, todo esfuerzo para mejorar la seguridad sería deseable y positivo, pero este centro no está dentro de los conflictivos y los que cuentan con seguridad durante su horario de apertura", concluyó Fernández-Lasquetty.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de febrero de 2011