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Editorial:

Latigazo inflacionista

El IPC hubiera subido menos con una vigilancia atenta a los mercados energético y alimentario

Por si fueran livianos los daños producidos por el lentísimo crecimiento económico o la incesante caída de la ocupación, los precios irrumpen en los primeros meses de 2011 como una amenaza más para la débil situación de la economía, erosionando la capacidad adquisitiva de los ciudadanos que todavía mantienen su empleo. Según el nuevo indicador adelantado del INE, la inflación habría aumentado (se confirmará a mediados de febrero) tres décimas en enero, hasta situarse en tasa anual en el 3,3%. Las causas de esta subida brusca y súbita de los precios son el encarecimiento de la energía (la luz y los carburantes) y de los alimentos.

El miedo a la presión inflacionista se explica por la presión de los precios de las materias primas (metales, alimentos sin elaborar) y del petróleo, que ayer tocó los 100 dólares por barril de brent. La crisis de Egipto y de otros países del norte de África provoca un desasosiego en los mercados que no cesará hasta que la situación política se estabilice.

Pero el factor fundamental para entender la subida de las materias primas (incluido el petróleo) es que China está haciendo acopio masivo de metales, grano y otros productos del mercado para mantener su voraz tasa de crecimiento. Ahora bien, hasta China tiene sus límites; crecer a un ritmo del 10% anual implica tasas de inflación muy elevadas que, probablemente, obligarán al Gobierno chino a enfriar el crecimiento. En cuyo caso, la presión sobre los precios de las materias primas tendería a disminuir. Existe, no obstante, un cierto riesgo de que en Europa coincidan tasas de crecimiento más moderadas que en Estados Unidos con una tasa de inflación próxima al 2%. Este riesgo, muy alejado de la amenaza de una estanflación, no es razón suficiente para justificar una subida de tipos de interés. Las predicciones de inflación para la eurozona son del 1,7% este año y del 1,8% en 2012.

En el caso de España, los pronósticos trazan una tasa máxima de inflación en febrero y posteriormente un descenso paulatino de la presión de los precios a partir de marzo. Las razones son principalmente estadísticas; la subida del IPC en enero refleja una comparación con inflación baja en los primeros meses de 2009. Además, los precios descenderán este año el escalón causado por la subida del IVA el año pasado.

Ahora bien, aunque se admita que el rebrote inflacionista será breve, el Gobierno nada puede hacer sobre la especulación financiera o la crisis en el norte de África ni tiene capacidad para limitar la demanda de materias primas de Pekín, pero sí puede controlar los mercados interiores. Puede y debe modificar el procedimiento de cálculo de las tarifas eléctricas (con más de seis años de retraso); puede y debe vigilar que las distribuidoras de carburantes, que suben los precios siguiendo la cotización internacional de las gasolinas, los bajen cuando se abarate el petróleo; y puede y debe actuar contra los monopolios de distribución en los mercados de los alimentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 2011