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Crítica:

Solo contra todos

Jim Thompson entrenó su pluma como voz heterodoxa de la literatura pulp transformando noticias reales de la crónica negra en relatos narrados en primera persona. Una estrategia de formación que culminó con la novela El asesino dentro de mí, publicada en 1952, en la que el autor logró que los placeres epidérmicos del género se convirtiesen en eco de esa tradición de la literatura del Mal -cuyos hitos insoslayables serían las obras del Marqués de Sade y el Conde de Lautréamont-, orientada a articular la voz de lo abyecto. Aunque su camino profesional se cruzó con nombres tan ilustres como los de Stanley Kubrick, Sam Peckinpah o Robert Redford, el escritor de Oklahoma no logró ver ninguna adaptación cinematográfica a la altura de su malsano talento: un año antes de su muerte, Burt Kennedy estrenó una adaptación de El asesino dentro de mí -The killer inside me (1976)-, con Stacy Keach como protagonista, que tomaba varias decisiones narrativas discutibles. Algo más tarde, 1.280 almas (Coup de torchon), de Bertrand Tavernier -a partir de otro de sus clásicos, 1.280 almas- ilustraba un curioso proceso: el autor, condenado al malditismo y la marginalidad en su país de origen, renacía como nombre de culto -y objeto de escrupuloso respeto- en Francia.

EL DEMONIO BAJO LA PIEL

Dirección: Michael Winterbottom.

Intérpretes: Casey Affleck, Kate Hudson, Elias Koteas, Jessica Alba, Ned Beatty, Simon Baker.

Género: thriller. EE UU, 2010.

Duración: 109 minutos.

El demonio bajo la piel, adaptación de El asesino dentro de mí a cargo del proteico Michael Winterbottom, se levanta sobre una palpable exigencia de fidelidad al original y tiene en la elección de Casey Affleck -un sumidero moral contenido bajo una mirada limpia- su mejor golpe de efecto. En el conjunto, no obstante, hay tanto racanerías de producción -la explosión final- como deslices de tono -el tema country que anima el asesinato del supuesto vagabundo- que parecen jugar a la contra.

Al final, el milagro no tiene lugar: el original es una asfixiante inmersión en el Mal sin vuelta atrás y la adaptación se conforma con proponer, simplemente, una inocua excursión a lo oscuro, con salidas de emergencia debidamente señalizadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de enero de 2011