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Crítica:

Crimen en familia

En el arranque de Animal kingdom, debut en el largo del guionista y cortometrajista australiano David Michôd, un equipo de urgencias médicas se persona en el hogar de un adolescente, Joshua Cody (James Frecheville), para intentar reanimar a su madre, que ha sufrido un colapso por sobredosis de heroína. Mientras los médicos intentan reanimar el cuerpo inerte, la mirada del adolescente se mueve nerviosamente entre la dramática escena y la imantación de un televisor que emite un concurso basura. Este tipo de detalles -la atención sobre una pupila dubitativa, nerviosa, pivotando entre la muerte y la banalidad- es de los que acreditan a un talento mayúsculo, a un cineasta capaz de definir un personaje, delimitar una zona de vacío moral y sembrar, de paso, un enigma ante los ojos del espectador con el gesto purísimo de fijarse en la (aparente) insignificancia que resultará reveladora, fundamental. Porque esos ojos que dudan entre mirar a la madre muerta y deslumbrarse con el fulgor catódico no solo definen la fragilidad ética del protagonista, sino que funcionan como premonición del drama: el pulso entre la fidelidad a la sangre (una familia que delinque unida para permanecer dolorosa, patológicamente unida) o la supervivencia (que, inevitablemente, es una traición a las raíces y quizá implique la salvación del alma).

ANIMAL KINGDOM

Dirección: David Michôd.

Intérpretes: James Frecheville, Guy Pearce, Jackie Weaver, Ben Mendelsohn.

Género: thriller. Australia, 2010. Duración: 113 minutos.

Algunas voces han invocado los nombres de Scorsese y Coppola en el intento de fijar la grandeza de esta respuesta australiana al subgénero de la genética criminal. A este crítico Animal kingdom le recordó más, en su tono nada enfático y en su languidez casi elegíaca, a otra película que nació rompiendo con los modelos de Scorsese y Coppola: Little Odessa, de James Gray.

Michôd describe las dinámicas autodestructivas de un opresivo retrato de familia (matriarcal), presidido por la figura de esa abuela terrible (una gran Jackie Weaver) que, bajo un camuflaje marujil, parece ocultar a una auténtica bacante. El volcán en permanente amenaza de erupción es la figura del primogénito, quizá el psicópata más verosímil y, por tanto, perturbador que ha dado el thriller reciente. Animal kingdom es una de esas películas cuya brillantez y originalidad ponen en evidencia hasta qué punto estaba en coma su subgénero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de enero de 2011