Una 'bomba' subterránea

Metales pesados e hidrocarburos reaccionan en el subsuelo

La explotación de la arcilla de Can Planes, muy apreciada para la construcción, dejó un gigantesco agujero que sus dueños decidieron rentabilizar. A partir de la década de los setenta, las máquinas que extraían materia prima para fabricar ladrillos fueron sustituidas por miles de camiones que pagaban por despojarse de todo tipo de residuos. Algunos eran inertes, como escombros de obras, pero otros muchos (sales de aluminio, metales pesados, hidrocarburos...) han dejado una auténtica bomba de relojería enterrada, en la que los elementos siguen reaccionando, emanan gases inflamables y contaminan aguas subterráneas, según el estudio encargado por la Generalitat a la ingeniería IDOM.

El vertedero tiene 18,25 hectáreas de superficie y una profundidad que en algunos puntos supera los 40 metros, con un volumen de más de 2,5 millones de metros cúbicos. De ellos, al menos una cuarta parte están considerados como residuos industriales peligrosos -de clase II y III- que deberían ser almacenados y tratados en plantas especiales.

Can Planes se divide en tres zonas o cubetas. En la cubeta noroeste, el estudio de IDOM encontró grandes cantidades de lixivados -sustancia líquida y muy contaminante porque contiene centenares de componentes químicos que se pueden filtrar en las aguas subterráneas- de "fácil dispersión".IDOM tomó muestras de decenas de catas, en las que registró niveles muy elevados de metales (bario, antimonio, cobalto, cobre, cinc, níquel, plomo...) y otros contaminantes como hidrocarburos, clorobencenos y clorofenoles. "También se superan en varios puntos los 50 miligramos por kilo de hidrocarburos", nivel fijado para declarar un suelo contaminado.

La cubeta norte presenta "residuos inertes", por lo que hay menos productos tóxicos. En la sur, la más grande, hay una concentración de residuos de tipo III. Las llamadas "tortas salinas", que concentran cloruros lixiviables. Además, se registran niveles elevados de 15 metales pesados e hidrocarburos. Dos acuíferos subterráneos atraviesan tierra contaminada en las cubeta norte y sur. Otro lo hace por la cubeta noreste.

Tras décadas de descontrol en la zona, y gracias a la presión vecinal, la Corporación Metropolitana de Barcelona tomó el control de Can Planes en los años ochenta y lo clausuró en 1995. Arrojó miles de toneladas de tierra encima que ocultaron provisionalmente el problema. Pero este sigue ahí.

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