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Editorial:

En crisis permanente

La amenaza de Moody's de degradar la deuda castiga el retraso en cerrar la reforma financiera

Desde 2008, la solvencia financiera de España corre el riesgo de desplomarse ante cualquier opinión, rumor o movimiento contrario del mercado. Ayer, la agencia de calificación Moody's intensificó un poco más la corriente de opinión que duda de la capacidad de España para devolver sus deudas; lo hizo a través de un informe que amenaza con rebajar en un escalón la calidad de la deuda soberana (actualmente AA1) por razones que van desde la elevada necesidad de captar fondos en 2011 (unos 200.000 millones) hasta la falta de fe de los inversores en que las autonomías españolas sean capaces de cumplir sus promesas de reducción del déficit público. A Moody's le falta decir, aunque se nota que lo piensa, que las autonomías no tienen interés en sujetarse a un estricto control del gasto. A cambio, recompensa los esfuerzos de política económica al descartar que España esté amenazada de intervención.

El anuncio de Moody's, recogido con nuevas sacudidas por los mercados, mezcla desprejuiciadamente apreciaciones evidentes, análisis razonables y contradicciones. Acierta al señalar la dificultad de reducir el déficit y el endeudamiento de autonomías y ayuntamientos. Por esa razón hay que exigir al PP, gobernante en autonomías y municipios, que haga honor a sus responsabilidades políticas mediante un respaldo explícito a la política de ajuste del Gobierno. También acierta al subrayar que gran parte de la reticencia de los inversores hacia la deuda española proviene de las dudas que suscita su sistema financiero. Moody's apunta al incomprensible retraso en la reforma de las cajas, que, efectivamente, debería estar ya concluida, es decir, con los compromisos de fusión firmados, los ajustes de costes realizados y las recapitalizaciones realizadas. Es incomprensible que el Gobierno no se dé cuenta de que la demora en esta reforma compromete la credibilidad de la solvencia española más que cualquier otra reforma.

Pero Moody's incurre en algunas inconsecuencias. Está claro que su informe de diciembre es una respuesta a las convulsiones de la deuda en noviembre, que llevaron la prima de riesgo española por encima de los 300 puntos básicos. Cuando menciona que "las crecientes tensiones a las que se está viendo cometida España para financiarse aumentan su vulnerabilidad", olvida que informes como el suyo contribuyen a exacerbar esas tensiones. Por eso es urgente y necesario organizar una agencia de calificación europea.

El paso decisivo para reducir la presión sobre la deuda española es que el Gobierno concluya la reforma financiera, demuestre que puede ajustar el gasto, y cierre las reformas laboral y de pensiones, tras el paso adelante del Pacto de Toledo ayer. Pero el nudo que hay de desatar es el de recuperación económica. Más crecimiento y más empleo revitalizarán las finanzas públicas. Para desatar ese nudo, las apreciaciones de Moody's sirven de bien poco. Desgraciadamente, 2011 tampoco será el año de la plena recuperación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de diciembre de 2010