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LA VISITA DE BENEDICTO XVI

Estado de sitio para los vecinos de la Sagrada Familia

Miles de personas aprovechaban ayer las últimas horas de libre circulación por los alrededores del templo de la Sagrada Familia, antes de que entrara en vigor el peculiar estado de sitio y todas las calles aledañas pasaran a convertirse en un auténtico búnker al que solo se podía acceder con invitación o con un documento que demostrara que se vivía en una de las fincas de la zona.

"Quizá no pueda dormir de la emoción", contaba María Rolón, de 62 años y nacida en Paraguay, ilusionada ante la visita papal. Hacia las siete de la tarde estaba cerca de la fachada de la Natividad del templo de la Sagrada Familia, para dar un último vistazo de cerca al altar donde el Papa rezará hoy el ángelus al mediodía. Ella acudirá, pero tendrá que conformarse con verlo todo desde las pantallas de calles cercanas. Se levantará de madrugada junto con su hermana, porque deberá acceder a la zona blindada, donde están las sillas para los invitados, a las que irán, a las siete de la mañana.

Arresto domiciliario

Algunos vecinos no estaban tan emocionados ayer con los preparativos de la llegada del Papa. Dos de ellos preguntaban al nutrido grupo de agentes de los Mossos d'Esquadra que controlaban a los viandantes desde la esquina de las calles de Marina y Provença detalles sobre esa especie de arresto domiciliario que sufrirían en unas horas. "A las doce de la noche se vaciará el área de seguridad. Solo ustedes, con su DNI, que indica que viven aquí, o alguna factura de su piso, podrán acceder a su domicilio", explicaba una agente.

¿Y si esperan invitados en casa? "Tendrán que ir a por ellos, pero antes de las seis de la mañana. Luego no podrán pasar y ustedes no deben salir de sus casas, hasta que se vaya el Papa. Sus invitados deberán acceder por el punto de acceso de madrugada. El problema es que no sabemos aún dónde estará ese punto", reconocía, cuatro horas antes del cierre de calles, un mosso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de noviembre de 2010