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Análisis:

A pesar de la financiación

La colaboración público-privada puede aportar nuevos modelos de creación de valor, ello tiende a reclamar sistemas de decisión ágiles para evitar complejas estructuras de gobernanza. Un buen ejemplo son los agregados que surgen de los Campus de Excelencia Internacional, que en el caso de la Universidad de Barcelona es la única que ha coordinado con éxito dos propuestas: Barcelona Knowledge (BKC) Campus, en 2009, y Health Universitat de Barcelona campus (HUBc), en 2010.

Hay quien, basándose en lo anterior, critica la gobernanza académica actual de la universidad pública española por su poca agilidad y su tendencia al debate y la búsqueda de consenso. Seguro que, como todo en la vida, es un modelo mejorable. No hay que temer estas características que profundizan en la decisión y la hacen más aceptada, lo que al final agiliza las subsecuentes fases y acciones. La autoridad académica no solo es relevante por su conocimiento de temas docentes y de investigación, sino que siempre estuvo implicada en la gestión y modernización de la Universidad.

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Desde las Administraciones y el sector empresarial se contemplan modelos donde la autonomía universitaria queda a expensas de externos con gran capacidad de influencia presupuestaria. Modelo arriesgado por la posibilidad de preferencias poco basadas en criterios científicos y que no tengan en cuenta la diversidad de las demandas sociales. Si comparamos con las universidades privadas españolas, donde se dan estos modelos, se observa que su calidad y demanda están lejos, en términos generales, de las mejores públicas. Respecto a las extranjeras punteras, donde los recursos y el personal técnico y de soporte están muy por encima de la realidad individual española, la comparación tampoco justifica la supremacía de lo privado en el ámbito universitario.

En todo caso, detrás de este debate se esconde el problema de financiación de las mejores universidades españolas que tienen que competir por los recursos bajo criterios equilibradores que no reconocen sus singularidades ni sus esfuerzos, ni la excelencia reconocida en convocatorias nacionales y rankings internacionales. Es cierto que los recursos han aumentado en los últimos años, por ejemplo en Cataluña, pero el modelo de financiación de la universidad pública se ha anclado en unas premisas que lo hacen insuficiente al no tener en cuenta la necesidad de consolidar personal y equipamientos para mejorar. Hace falta fomentar la confianza de la sociedad, las Administraciones y las empresas en un sistema universitario que lleva siglos contribuyendo al beneficio social y al crecimiento económico.

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Dídac Ramírez es rector de la Universidad de Barcelona

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de octubre de 2010