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Editorial:

Desfile con abucheos

La oposición muestra una extraña tolerancia con quienes no respetan ni el homenaje a los muertos

El 12 de octubre, día en que se conmemora la llegada de las tres carabelas a lo que mucho después se llamó América, es desde 1987, y por decisión casi unánime de los representantes de los ciudadanos, la fiesta nacional de España. Pudo haberse elegido otra fecha, pero tal vez no hubiera suscitado el mismo consenso, y no es cosa de ir cambiándola cada poco, siguiendo las inclinaciones de arbitristas varios. No es obligatorio que el eje de la celebración consista en un desfile, pero muchos otros países democráticos comparten esa tradición.

Lo que en todo caso resulta deseable es que el desfile del día de la fiesta nacional deje de ser pretexto para el alarde de incivilidad e incultura de una minoría de ciudadanos que utiliza la libertad de expresión para abuchear al presidente elegido por los españoles, en un gesto que implícitamente contraponen a los aplausos entusiastas hacia las tropas que desfilan. Esta vez ni siquiera respetaron el silencio que siempre acompaña a la ofrenda floral del Rey a los soldados muertos.

El interés que demostraron el Rey y el Príncipe en transmitir su malestar por los abucheos no se percibió en el PP, e incluso hubo un portavoz de ese partido que habló de "gran operación de censura" por haber alejado la tribuna del público para, según interpretó, tapar los abucheos. Crítica que habría resultado más convincente si hubiera ido acompañada de algún reproche a los que protagonizaron lo que de hecho es más gamberrismo que protesta política, y que recuerda a situaciones que otras veces han afectado a dirigentes del PP.

Como cada año, se pasó lista a los presidentes autonómicos, destacando en esta ocasión la presencia de José Montilla, tras dos sin asistir, y la ausencia de Patxi López, tras haber estado el año pasado. En lugar de felicitarse por el regreso del primero, desde el PP catalán se le acusó de oportunismo, por la proximidad electoral, mientras que sus socios en el tripartito le reprocharon haber caído en "nostalgias imperiales" y participar en una fiesta "en recuerdo de un genocidio".

Se referían a la fecha del desembarco de Cristóbal Colón; pero ayer también se recordaba el bicentenario de la independencia de las naciones de Iberoamérica, ocho de las cuales estuvieron representadas por delegaciones presididas por sus respectivas banderas. Faltó a última hora la de Venezuela, cuyo embajador dio como razón que su abanderado estaba "indispuesto": sonó inverosímil y descortés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de octubre de 2010