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Reportaje:La xenofobia en Europa

La fatídica circular del 5 de agosto

La orden interna del ministro del Interior a la policía para dar prioridad a la expulsión de romaníes rumanos desmonta la estrategia del Ejecutivo francés

Hace una semana, en París, el ministro del Inmigración francés, Eric Besson, delante de un ramillete de ministros de Inmigración extranjeros, respondió así cuando le preguntaron sobre la polémica política de expulsión de gitanos del este de Francia: "Escuche, yo nunca hablo de gitanos, ni de cualquier otra etnia, lo que se está haciendo en Francia es devolver a sus países a ciudadanos en situación irregular, no hay expulsiones masivas sino deportaciones caso a caso". En París, en Bruselas, en Rumania, en la prensa y en la televisión, Besson ha repetido siempre la misma consigna para justificar el desmantelamiento de los campamentos. No solo él: ayer mismo, después de haber recibido la agria reconvención de la vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de Justicia, Viviane Reding, el ministro del Interior francés, Brice Hortefeux, aseguraba en la Asamblea Nacional: "Nosotros no expulsamos a los gitanos porque son gitanos, sino porque están en situación irregular".

Para los ministros de Sarkozy solo ha habido expulsiones "caso por caso"

El memorando deja en entredicho todas las declaraciones de Besson y Hortefeux

Pero una circular oficial interna, hecha pública el viernes por un periódico local de la región de Loire, Le Canard Social, levantando una oleada de polémica y bochorno en Francia, demuestra justo lo contrario, deja en entredicho todas las declaraciones de Besson y Hortefeux y retrata la política de inmigración del presidente Nicolas Sarkozy. Redactada el 5 de agosto, poco antes de que empezara el desmantelamiento masivo de campamentos, firmada por el jefe de Gabinete del Ministerio del Interior, Michel Bart, y enviada a los prefectos de policía de todo el país, especifica que hay que erradicar los asentamientos de inmigrantes "tomando como prioridad los de los gitanos rumanos". Por tres veces (aludiendo al desmantelamiento de los campamentos y a la vigilancia para que no se instalen más) aparece la misma coletilla "tomando con prioridad los de los gitanos rumanos", que ha irritado tanto a Europa.

La circular aludía también al determinante discurso del presidente de la República, pronunciado en Grenoble el 30 de julio. "Los clandestinos deben ser trasladados a la frontera. Es dentro de ese espíritu que yo he ordenado al ministro del Interior el desmantelamiento de los campamentos descontrolados de gitanos del este", dijo entonces el jefe de Estado francés.

Conviene recordar el contexto de ese discurso en el que Sarkozy relacionó la delincuencia con la inmigración y que desencadenó todo lo que iba a llegar después. El índice de popularidad del presidente se encontraba más bajo que nunca. Y eligió Grenoble porque, 10 días antes, un barrio de esta ciudad de 150.000 habitantes vivió un sábado de disturbios, coches quemados y disparos a los coches patrulla después de que la policía matara en una persecución a un presunto atracador de un casino cercano. Ese mismo fin de semana, otra ciudad, Saint-Aignan (al sur de París), de solo 3.500 habitantes, sufrió una jornada de pesadilla después de que la policía matara en un control a un joven gitano francés que no se paró en un control de carretera. Los parientes gitanos del joven, también franceses, acudieron al día siguiente a la ciudad y, armados de hachas, atacaron la comisaría y destrozaron los semáforos callejeros y algunas tiendas y talaron algunos árboles públicos.

El 11 de agosto, el ministro del Interior, omnipresente todo el mes de agosto, informaba del desmantelamiento de los primeros campamentos de gitanos rumanos, especificando que a los adultos se les daba 300 euros para el traslado y a los niños, 100. La exposición mediática no hacía sino refrendar una orden, dada por él mismo a los prefectos (en otra circular), en la que les pedía que la operación "tuviera un eco mediático". Las críticas arreciaron, incluso entre algunos miembros de la derecha francesa. Europa comenzó a mirar de reojo hacia la política de inmigración de Sarkozy, que, por otra parte, mejoraba en los sondeos.

Ayer, después de que un portavoz del Ministerio de Exteriores mostrara "su asombro" por la reacción de Europa, el ministro del Interior, que ha retirado y reescrito la polémica circular del 5 de agosto, informaba de que a lo largo del verano han sido desmantelados 411 campamentos de gitanos rumanos y búlgaros. Cerca de 1.000 personas han sido expulsadas. Los últimos, más de 200, fueron enviados ayer a Bucarest en dos aviones desde los aeropuertos de París y Marsella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de septiembre de 2010