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Indulto nuclear

Merkel se suma a la moda pronuclear, en consonancia con la política energética de Obama

El Gobierno alemán ha decidido prolongar la vida útil de las 17 centrales nucleares del país por un periodo promedio de 12 años a partir de 2021, límite señalado para su cierre, hace casi una década, por el Gabinete socialdemócrata-verde del canciller Schröder. La medida, que para irritación opositora la primera ministra Angela Merkel pretende convertir en ley sin la aprobación de la Cámara alta -cuya mayoría perdió en mayo-, supone un giro sustancial en la historia nuclear europea. Berlín ha desempeñado un papel decisivo en la conformación de una opinión pública antinuclear, marcando el camino a otros países, en particular al Gobierno de España.

En España se planteó hace meses prolongar la actividad de la central de Garo-ña, y el Ejecutivo socialista rechazó mantenerla más allá de 2013. Ambas situaciones tienen similitudes. El Consejo de Seguridad Nuclear sugirió entonces al Gobierno que una parte de los beneficios derivados de extender la vida de Garoña revirtiesen al erario público en forma de impuesto que podría financiar el desarrollo de las energías renovables. Eso es lo que va a poner en práctica ahora masivamente Merkel con el objetivo de obtener de las compañías 30.000 millones de euros.

El acuerdo del Gobierno conservador pretende ser la piedra angular de su estrategia energética inmediata y pone fin a una discusión de meses entre cristianodemócratas y sus aliados liberales sobre los límites de la vida útil de las centrales. Pero no está exento de riesgos políticos. Pese a que el 23% de la electricidad generada en Alemania es de origen atómico, más de la mitad de los ciudadanos está en contra de prolongar la actividad de los reactores. Como lo está la oposición centroizquierdista, actualmente por delante del Gobierno en las encuestas, decidida a llevar al Constitucional la intención de Merkel de saltarse el Bundesrat.

Berlín viene a sumarse a los nuevos aires pronucleares al otro lado del Atlántico, donde Barack Obama, defensor consecuente de las energías renovables, está promoviendo la construcción de nuevas plantas atómicas tras 30 años de parón. La razón es que resulta acuciante para nuestro planeta disminuir el ritmo de emisiones de CO2 a la atmósfera producidas por los combustibles fósiles. Reducir significativamente esos combustibles exige un esfuerzo gigantesco en energías renovables, y al tiempo mantener e incluso aumentar la producción nuclear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 07 de septiembre de 2010.

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