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DECORACIÓN

Como un mercadillo

El piso en Londres de Emily Chalmers refleja muy bien a qué se dedica esta inglesa: es estilista. En él, muebles y telas de distintas procedencias se mezclan en busca de un ambiente entre bohemio y chic.

Aquí los objetos tienen vida: palpitan, aletean y susurran historias. Son testimonios de amor, de sueños, de urgencias y de impulsos, además de piezas funcionales y efectistas. Estamos en la casa de una narradora visual, Emily Chalmers, estilista, colaboradora de varias revistas de decoración, propietaria de la tienda Caravane y autora de media docena de libros. En su última obra, Cheap Chic, cuenta cómo lograr, sin realizar grandes inversiones, un hogar estiloso. El truco, según Chalmers, "es rodearse de las cosas que nos gustan y combinarlas sin prejuicios para impulsar vivencias propias". Conseguir una composición personal y creativa como esta requiere de ciertas habilidades, pero lo esencial, dice Emily, "es concederse tiempo para mezclar y experimentar con nuevas bellezas". Ella lo hace. Durante nueve años, junto a su pareja Chris Richmon, ha ido yuxtaponiendo muebles, telas y detalles de distintas naturalezas, para dotar de uso un local industrial de Londres y precipitar la magia en un recinto de paredes toscas, ventanas pequeñas y suelos de hormigón. De esta alquimia ha surgido este loft contemporáneo de aire bohemio y vintage. Las piezas victorianas de mercadillos y anticuarios aportan resonancia histórica. Y las obras de arte, miradas transgresoras. Pero la fuerza recae en las telas de diseños florales que Emily colecciona desde siempre, y con las que confecciona desde bolsos y faldas hasta cojines y cortinas que lo transforman todo: desde el espacio hasta las emociones.

Con los muros pintados de blanco, los telones de vibrantes estampados imprimen toques de grandiosidad que elevan el lugar de inmediato. Además construyen, como en los teatros, muros de quita y pon que independizan el dormitorio y el vestidor sin divisiones fijas. Aquí el cambio es esencial, para mantener viva una casa que exhibe de forma ordenada lo que guarda. Sin librería ni ropero, los libros se disponen sobre el alféizar de la ventana agrupados por colores, los zapatos se alinean en el suelo y los vestidos cuelgan de cadenas como si fueran cuadros. Las cosas son tesoros accesibles que ellos van personalizando para tejer ataduras emocionales. El lecho conyugal es un ejemplo. La cama, encontrada por su marido Chris y realizada con piezas de coche, se ha convertido en una pieza única por el cabecero hecho a mano. "Compré ex profeso el ángel", explica Emily, "para coronar la cama, y después hice el corazón de alambre con el atrezo de nuestra boda. Decorar es un asunto emotivo". Pura vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de agosto de 2010