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Brasil ofrece asilo a la mujer condenada a la lapidación

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, dio un paso definitivo para salvar la vida de la iraní Sakineh Ashtianí, condenada a ser lapidada, al ofrecerle refugio en Brasil. Hasta ahora, el Gobierno iraní ha hecho oídos sordos a la petición de clemencia de muchos países y organizaciones de derechos humanos que recibieron con estupor la noticia. Pero todo apunta a que el ofrecimiento de Lula ha sido bien acogido por las autoridades iraníes.

Sajad, el hijo mayor de Ashtianí y quien más se ha empeñado en impedir que se cumpla la brutal condena, recibió el sábado, poco después de la oferta de Lula, una llamada telefónica de un alto funcionario que le indicó que el caso de su madre se resolvería "esta semana". "Pido a Mahmud Ahmadineyad que permita a Brasil garantizar asilo a esa mujer", dijo Lula durante un mitin en Curitiba, en el sur de Brasil. "Si esa mujer les causa problemas allí, la recibiremos aquí", añadió.

Sakineh Ashtianí, de 43 años y madre de dos hijos, fue condenada en 2006 a recibir 99 latigazos por mantener, según ella admitió, relaciones sexuales con dos hombres. Después de ese castigo, un tribunal reabrió su caso y la condenó "por adúltera a morir lapidada".

Pese a que gran parte de los iraníes abomina la lapidación y a que la sentencia llegó en un mal momento para el régimen de los ayatolás debido al creciente aislamiento que afronta por su empeño en enriquecer uranio, el Gobierno no se atrevió a levantar la voz contra ese castigo. La intervención de Brasil, sin embargo, facilita una salida al Gobierno iraní. Mientras, permanece en paradero desconocido Mohamad Mostafaeí, el abogado de Ashtianí, que el 24 de julio fue interrogado y, posteriormente, citado en la siniestra prisión de Evin, a la que no acudió. Ese mismo día, fueron detenidos su esposa y su cuñado, según la organización Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de agosto de 2010