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Reportaje:

La música como remedio de todo

El grupo congoleño Staff Benda Bilili actúa en varias ciudades españolas

Una voluntad de hierro y la convicción de que la música puede mover fronteras a pesar de no tener cobijo ni sustento al que aferrarse. Esta era la fuerza que movía a los ocho artistas que forman el variopinto grupo Staff Benda Bilili cuando deambulaban en las inmediaciones del antiguo zoo de Kinshasa, en la República Democrática del Congo, y pasaban su tiempo inventando melodías mientras hacían de taxistas improvisados en sillas de ruedas tuneadas, como Harley Davidson para pobres.

Aunque nadie quisiese tocar con ellos porque la enfermedad de la polio les había dejado medio ciegos o parapléjicos. A sabiendas de que los únicos instrumentos que podían tener en sus manos eran los que ellos mismos se construían, a base de desechos y utensilios varios. "Así fuimos actuando en iglesias o en cualquier esquina hasta que nos fuimos conociendo y formando un grupo en el que, a pesar de la diferencia de edad, entre los 17 y los 50 años, y de nuestras limitaciones físicas a causa de la polio, lo único que importa es la música como remedio de todo", afirma el percusionista Kabose Kabamba, vestido de negro de pies a cabeza, sombrero incluido.

Su primer disco, 'Très très fort', ha causado furor en África y en Europa

La varita mágica les tocó el día que los reconocidos Damon Albarn (cantante de Gorillaz) y Massive Attack los descubrieron en un viaje solidario y ejercieron de padrinos para este grupo de rumba congoleño que dos años después ha demostrado al mundo "que se puede ser africano y minusválido", como explica Coco Ngambali, guitarrista y cantante, que lleva el pelo anudado con pequeñas trenzas típicas de su país.

Lo confirma el mismo nombre de la formación, que significa ir más allá de las apariencias, "porque la palabra desfallecer es un vocablo que no existe en nuestro diccionario", afirma Ricky Lkabu, el líder del grupo, desde su silla de ruedas y con un sombrero de brillantes plateado en su cabeza. Su primer disco, Très très fort, cuya maqueta se grabó bajo un árbol con un portátil conectado al motor de un bar local, es ya una sensación en África, y también en Europa. De hecho, un documental sobre su vida consiguió poner en pie al público de la pasada edición del Festival de Cannes. Ahora los componentes de Staff Benda Bilili inician una gira que los llevará a actuar hoy en CaixaForum Barcelona y mañana en el centro que la entidad tiene en Madrid. Inmediatamente después, participarán en el festival La Mar de músicas de Cartagena (16 de julio) y el Etnomúsicas de Jaén (17 de julio), para acabar recalando otra vez en Barcelona al día siguiente.

"En nuestros conciertos la gente se lo pasa muy bien, no hay nadie que esté sentado, realizamos una mezcla de rumba con funk, blues y reggae con instrumentos que hemos construido nosotros", continua Ricky Lkabu. El más sorprendente es el de Roger, que con solo 17 años es el benjamín del grupo y como tal luce un atuendo al más puro americano, con gorra de beisbol y colgante incluído. El instrumento que muestra es una especie de laúd al que ha llamado santongué, fabricado a partir de un bote de leche en polvo, red para pescar y cable eléctrico. Sin duda, los medios no importan para crear unas canciones que narran su día a día en su ciudad. "Como el tema que titulamos Polio", confiesa el bajista Paulin Cavalier, "en el que recomendamos a todos los padres que vacunen a sus hijos contra esta enfermedad. Pero también abordamos la subida de precios, o la vida de los niños de la calle". Precisamente, en el escenario actúa también con ellos un niño al que recogieron de la calle, y que ahora se contorsiona al son de sus ritmos. Su objetivo, según el mismo Ricky Lkabu, es claro: "África es un continente rico, con oro y diamantes, pero no saben como explotarlo. Queremos que los habitantes del Congo despierten. Hacemos música para educar a nuestro país, para que nuestras familias tengan un techo, para que nuestros hijos puedan tener una buena educación"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de julio de 2010