Las consecuencias del ajuste económico

Rajoy evita revelar su posición hasta el último minuto pero se inclina por facilitar el trámite

Solo cuatro o cinco de los 153 diputados del PP que esta tarde tendrán que votar una de las reformas laborales más drásticas de la democracia se despertarán sabiendo con seguridad qué botón tienen que apretar. Son Mariano Rajoy, su portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, y algunos miembros de la cúpula de maitines que son diputados, como Ana Mato o Esteban González Pons. El resto, en una clara demostración de cómo funciona la toma de decisiones, se enterarán como se enteraron de qué había que votar en el recorte de gastos: en el último minuto.

Algunos diputados veteranos expresaban anoche su estupor ante esta forma de proceder de la dirección a la que, sin embargo, y al calor de unas encuestas muy positivas, todo el mundo está empezando a acostumbrarse. Hasta hoy, no ha habido ningún debate formal en el grupo parlamentario sobre qué votar, y aún más importante, qué enmiendas presentar como alternativa.

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El líder del PP reunió ayer a su cúpula en maitines y, de nuevo, la posición hacia la que se inclinaron todos fue la abstención. Sin embargo, Rajoy dio la orden de no fijarla públicamente hasta el último minuto. Como la otra vez, Rajoy se reserva también la posibilidad de ser él quien intervenga en el debate.

González Pons, el portavoz del PP, insistió una y otra vez ante las preguntas de los periodistas: "La posición está abierta, esperaremos hasta el último minuto una llamada del Gobierno". González Pons rechazó de plano la reforma -"no es global, no es clara, no creará empleo y es la primera reforma laboral de la historia que no tiene el apoyo de ningún agente social"- pero no aclaró qué votará el Partido Popular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 22 de junio de 2010.

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