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Crítica:

La aventura

Isabelle Huppert pertenece a esa estirpe de actrices que parecen no interpretar a ninguno de sus personajes, sino somatizarlos. En Villa Amalia, adaptación de una novela de Pascal Quignard, el francés Benoit Jacquot, en su quinto trabajo con la actriz, se diría empeñado, a su vez, en lograr que la propia piel de la película -su narrativa fracturada, nerviosa, en progresivo viaje hacia la calma- somatice las turbulencias interiores del personaje encarnado por la actriz: Ann, una pianista y compositora que, en el umbral de la madurez, decide reescribir su narrativa vital sin contar con ningún modelo de referencia.

La ambigüedad, el virtuoso uso de la elipsis, eficaces estrategias de desorientación y una desusada confianza en la inteligencia del público son los elementos esenciales del método narrativo empleado por Jacquot en esta crónica de una fuga que, en su clímax, parece liberar a sus formas de toda crispación para dejar que un intenso reencuentro paterno-filial despeje incógnitas y permita fijar la esquiva identidad -y descubrir los resortes secretos- de su protagonista. Una infidelidad acciona el motor del viaje a ninguna parte de Ann, personaje que recicla su fragilidad y un cierto estado de difuminación existencial en enigmática resistencia, enmascarada de aparente hostilidad. Jacquot dispone por el camino un complejo entramado de sutilezas que desvelan, sin recurso al golpe de efecto y con total repudio de la estridencia emocional, la estructura profunda de la historia.

VILLA AMALIA

Dirección: Benoit Jacquot. Intérpretes: Isabelle Huppert, Jean-Hughes Anlade, Xavier Beauvois, Maya Sansa, Peter Arens, Michelle Marquais.

Género: drama. Francia-Suiza, 2009. Duración: 94 minutos.

Villa Amalia parece una anomalía por hacer algo que, de hecho, se debería exigir a toda película: que su forma fuera la pura consecuencia de su fondo, que su escritura visual no perdiera nunca de vista el pulso y el nervio de sus actores. Los paisajes volcánicos de la isla de Ischia dominan el último tramo de esta película que logra abordar, con mirada compleja, temas tan delicados como la voluntad de autoexilio, la negociación con la propia muerte o la carga insostenible que algunos episodios de la historia europea depositaron sobre los hombros de quienes fueron testigos. Un trabajo realmente ejemplar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2010