El mayor plan de ajuste de la democracia

Zapatero salva el recorte que le exigían los mercados, pero pierde todos sus apoyos

CiU, CC y UPN facilitan con su abstención la aprobación por responsabilidad, con duras críticas - Duran le exige que convoque elecciones anticipadas en 2011

Carpe diem. Un solo voto le sirvió a José Luis Rodríguez Zapatero para mantener viva la legislatura. Sacó adelante el decreto con el mayor recorte de gasto social de la democracia, que incluye la bajada de sueldo de los funcionarios y la congelación de pensiones, entre otras medidas. Pero lo hizo en una dramática sesión parlamentaria, de la que estaban pendientes Europa y los mercados internacionales y con consecuencias muy complejas, más allá de la Carrera de San Jerónimo.

El presidente disfruta el día, pero sólo lo justo porque únicamente tuvo los votos de los 169 diputados del PSOE, frente a los 168 que sumaban PP, PNV, ERC, IU, ICV, BNG, NaBai y UPyD y las 13 abstenciones de CiU, Coalición Canaria y UPN. Está más solo que nunca, aunque haya superado lo que su entorno equiparó a una "moción de confianza encubierta" y que se asemejaba también a una moción de censura sin candidato alternativo. Zapatero respira porque perder esta votación le hubiera supuesto poner fin de manera abrupta a la legislatura y quedar en evidencia ante la Unión Europa y ante el propio Barack Obama, que le pidieron que abordara el recorte para reducir el déficit. En ese frente exterior, gana.

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La respiración puede convertirse en bocanadas si no supera la siguiente prueba, la de la reforma laboral. Si no hay acuerdo con sindicatos y patronal tendrá que abordar la reforma contra la calle y con exiguas fuerzas en el Parlamento. Zapatero respira, pero se deja jirones en el empeño porque los tres partidos que con su abstención le ayudaron a no perder la votación más complicada de la legislatura le lanzaron reproches tan duros como llegar a darle por amortizado como presidente. CiU, CC y UPN pusieron por delante la responsabilidad de no provocar una convocatoria anticipada de elecciones, aunque rechazan frontalmente el decreto, especialmente la congelación de las pensiones y han tenido que superar durísimos debates internos. No tiene quien le auxilie con respiración asistida en caso de emergencia. "Se acabó su etapa como presidente. Haga los deberes que le imponen desde fuera y la reforma laboral. Deshaga todo lo que ha hecho mal, que no es poco. Y cuando lleguen los Presupuestos y no pueda sacarlos adelante, convoque usted elecciones que es lo que espera y necesita este país", le dijo Josep Antoni Duran. La del portavoz de CiU fue la intervención del día por lo decisivo de sus 10 votos, por su contundencia y por el emplazamiento a poner fin a la legislatura en 2011.

"El momento requiere patriotismo con mayúscula", aseguró Ana Oramas (CC), indignada por tener que pasar el trago de permitir con su abstención la aprobación del recorte. "Pónganse a trabajar y a gobernar mejor. Por favor, no nos hagan pasar otro bochorno planetario", resumió Carlos Salvador (UPN), con un discurso que sonaba a "no abuse más de nuestra paciencia".

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El portavoz de CiU y Mariano Rajoy hicieron en el fondo el mismo discurso, pero con una diferencia sustancial: el nacionalista antepuso a las elecciones y el final de Zapatero las consecuencias para España del rechazo del decreto. En cambio, Rajoy fue coherente con lo que ha hecho toda la legislatura: hacia La Moncloa, a lomos de la crisis. Duran explicó que se abstuvo y no votó en contra porque los mercados castigarían a España y "sería difícil emitir deuda pública". Y anunció que hará lo posible para evitar la congelación de pensiones. Pero Rajoy no pudo resistir la tentación de intentar hacer caer a Zapatero.

La vicepresidenta segunda, Elena Salgado, acudió con la apariencia doliente que requería el trago de defender lo que calificó como "medidas dolorosas pero inevitables". Y las caras de preocupación de los socialistas y los corrillos de destacados ministros en el bar reservado del hemiciclo, a salvo de las miradas de los periodistas, reflejaban la gravedad del día. Planeaba el final de la legislatura y hasta los enfermos acudieron a votar. A Zapatero se le borró la sonrisa de la cara y siguió el debate como mero espectador, con las mandíbulas apretadas. Al presidente se le escapa gran parte de su fuerza política y los socios potenciales pusieron años luz de distancia. Sale débil porque el PNV, que apoyó sus últimos Presupuestos, le abandona en este trance y su diputado Pedro Azpiazu le dijo que "la política económica del Gobierno ha sido errática, confusa y en muchas ocasiones equivocada". Duran le advirtió de que no cuente con ellos para los próximos Presupuestos y CC no oculta que la compañía del PSOE le resulta muy incómoda. "Votamos únicamente para salvar a España de la quiebra, no para hacernos partícipes de sus irresponsabilidades. Solo usted y su irresponsabilidad nos metieron en esta situación", le dijo Ana Oramas. Con la izquierda ya no puede contar.

Con razón dijo Zapatero a la salida que trabajará "para que las nuevas reformas e iniciativas puedan tener más confianza parlamentaria". Para la esperanza le queda que por medio están las elecciones catalanas y CiU puede variar su posición y que el PNV se aprestó a aclarar que no tiene cerrada la puerta a futuros acuerdos. Carpe diem.

El ministro José Blanco, de espaldas, conversa con el presidente Zapatero en presencia del portavoz socialista, José Antonio Alonso, y la vicepresidenta Elena Salgado.
El ministro José Blanco, de espaldas, conversa con el presidente Zapatero en presencia del portavoz socialista, José Antonio Alonso, y la vicepresidenta Elena Salgado.ULY MARTÍN

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