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Y Vic Chesnutt huyó al fin de sí mismo

Músicos españoles rinden culto en directo al cantautor, fallecido en invierno

"Vic Chesnutt era importante de puertas para adentro. Sólo así se entiende que 50 grupos se reúnan en cuatro conciertos de homenaje a un tipo a quien en España no conoce nadie", explica Pepo Márquez. The Secret Society, su álter ego artístico, será uno de esos grupos. Él y otras 13 bandas interpretarán mañana en la Sala Caracol de Madrid otros tantos temas de Chesnutt, cantautor estadounidense que se suicidó el 25 de diciembre, un mes después de cumplir 45 años. Será la última cita, tras la de esta noche en la sala Black Note de Valencia, la de ayer en Barcelona y la de hace una semana en Mallorca.

El día que Chesnutt murió, Michael Stipe, cantante de REM y uno de sus más antiguos fans -le produjo sus dos primeros discos en 1990 y 1991- escribió en su web una sola frase: "Hemos perdido a uno de los grandes". "Estoy de acuerdo", dice Mark Kitcatt, director de la discográfica Pop-Stock!, que conocía a Chesnutt desde que se cruzaron en Londres en 1994. "Era un tipo especial que hacía música extraordinaria a pesar de sus limitaciones".

Sus limitaciones: a los 18 años Chesnutt sufrió un accidente de tráfico que le dejó en una silla de ruedas para el resto de su vida. "No sólo no podía andar", explica Mark Kitcatt, "tampoco tenía movilidad en tres dedos de la mano izquierda. Y eso no le impedía tocar la guitarra y el piano de una forma única".

Ni cantar. La desgarrada voz de Chesnutt era su marca. "Hablé con él en un concierto el año pasado. Me impresionó cuando me dijo que cantar le causaba dolor. Dolor físico, quiero decir", recuerda Pepo Márquez. "Es verdad que cuando venía a Madrid le acompañábamos a todas partes", rememora Mark Kitcatt. "Pero se apuntaba a todo. Le miraba y no veía la silla. Una noche de copas, mi mujer me preguntó la hora. Miré el reloj y lo siguiente que vi fue a Vic rodando a toda velocidad cuesta abajo. Él levantaba los brazos y gritaba hasta que chocó contra un coche y se cayó al suelo. Cuando llegamos a su lado se estaba partiendo de la risa".

Pero también era depresivo y bipolar. Acumulaba tentativas de suicidio. Carecía de seguro médico, lo que le llevó a endeudarse. En el momento de su muerte sus acreedores le reclamaban más de 50.000 dólares. Una cantidad a la que debe hacer frente su única familia, Tina, su mujer, que también fue bajista de su banda. "El dinero que se recaude de las entradas irá a parar a ella", explica Kitcatt. La intermediaria es la mejor amiga de Chesnutt, la cantante Kristin Hersh, con la que compartió infinidad de giras. "Siempre le vi como alguien grande y hermoso. Pero me temo que Vic veía a Vic como pequeño, roto. Y triste", decía Hersh en un texto escrito tras la muerte del cantautor. "A gente de gustos muy dispares les une Vic Chesnutt porque trascendía la música", apunta Remate, cantante y coordinador, junto con Kitcatt del concierto madrileño. "Es un autor que parece clásico, pero es muy difícil de versionear. Porque sus canciones son una combustión. Hablaba de un mundo muy personal y llega porque sus historias son tan concretas que son universales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de abril de 2010