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COLUMNA

La crisis y el juego del fútbol

Estas cosas que dice Zapatero sin saber bien lo que dice, sea "economía sostenible" o "sector de la innovación", las compendia el mundo del marketing con el nombre de Design Thinking, que tampoco se sabe a qué soluciones concretas nos puede llevar.

El Design Thinking o "pensamiento diseñador" forma parte de una familia de otros varios estilos en boga, tales como el Lateral Thinking, el Meta Thinking o el Future Thinking, destinados a hacer pensar de otro modo, no necesariamente elegante, ni atinado pero sí experimental.

De hecho, así como el principio del siglo XX puso en marcha inventos como el aeroplano, el automóvil, el cine, el psicoanálisis, el surrealismo o la cafiaspirina, también ahora, un siglo después, podría desencadenarse, mediante un gesto inesperado, un racimo de inventos e innovaciones importantes. Y, ¿qué más se quisiera hoy que soluciones nuevas, imaginativas y positivas para frenar la creciente calamidad del desempleo y la decadencia de la economía?

El pensamiento vertical se ahínca y, al cabo, se obceca. El lateral abre brechas por los flancos La gran crisis no será abordable con eficacia si se hace de frente, sino a través de inventos

El Lateral Thinking o "pensamiento lateral" consiste en una técnica que se desarrolló hace algunos años y de la que ya existe diversa bibliografía en castellano. Lo más prometedor de este pensamiento lateral, que no todos hemos sabido aplicar, radica en que mientras el pensamiento vertical se ahínca y, al cabo, se obceca, el lateral abre brechas por los flancos y descubre, en ocasiones, puntos de vista mejor oxigenados.

Por ejemplo, ideas tan toscas y afianzadas como que la silla sirve para sentarse, el pañuelo para sonarse o la bicicleta para pedalear, deben ser descartadas o "lateralizadas" si se aspira a impredecibles conclusiones innovadoras.

Lo importante de todo esto, según se indica en la revista de marketing Yorokobu -en sus números 5 y 6- no es acertar al primer intento ni con el primer "diseño" sino propiciar una ráfaga de ocurrencias con la esperanza de que alguna logrará triunfar.

El coach es la figura de un profesional que se ocupa de nuestro entrenamiento personal, físico y mental, y al cabo se le retribuye como a un especialista que nos apoya para sortear el error o superar la perplejidad al modo de un ángel de la guardia. Junto al coach, sin embargo, nace ahora la figura del mentor (Mentor o el fiel amigo de Ulises que se encargó de la educación de su hijo adolescente, Telémaco, cuando aquel partió para la guerra de Troya).

El coach atiende con celo el problema circunstancial, pero el mentor mira más lejos: se encarga entre los deportistas, por ejemplo, de la totalidad de su carrera. Es un cooperador también angelical pero de mayor alcance. Un cooperador dotado de una mente clara pero, además, proclive al pensamiento diseñado y lateral.

En entrevista a un mentor (Yorokobu. Abril, 2010) se afirma: "Perder es bueno y recomendable". (Precisamente) cuando los deportistas entran en nuestra disciplina se les entrega una carta en la que en uno de sus puntos se les dice: "Es altamente recomendable cometer errores, por favor empiece ya". "Saber perder es una parte importante de la formación... Al final siempre encuentras una razón por la que has perdido... Lo difícil de verdad es cuando ganas y crees que ya has llegado".

¿Pérdida de millones de euros? ¿Pérdida de millones de puestos de trabajo? ¿Economía insostenible? El remedio no se encontrará en el paisaje de enfrente sino en el paraje de los lados.

Así, de la misma manera que el buen fútbol, contrariamente a lo que suele pensar el profano en la materia, no se juega hacia delante sino siempre hacia los lados y desde las bandas, la gran crisis no será abordable con eficacia mediante ataques de frente -frente a su cara dura-, sino a través de inventos o nuevos diseños del pensamiento que vayan trazando la composición de un panorama inédito. Nunca de frente. Nunca a la manera del empeño, obcecado y oficial, que trata todavía de remendar legislativamente, retóricamente, el irrecuperable equilibrio del pasado perfecto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de abril de 2010