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COLUMNA

Las clases creativas

¿Podemos clasificar a los países y a las ciudades atendiendo a su potencial creativo? La respuesta es afirmativa. Richard Florida, profesor estadounidense, argumentaba en su libro The rise of the creative class que existe un número determinado de profesiones que son claves a la hora de poder desarrollar y estimular el crecimiento económico.

Dichas clases creativas abarcan las siguientes profesiones: a) los vinculados a la ciencia e ingeniería; b) la industria de alta tecnología; c) los especialistas de diseño; d) los relacionados con la cultura, las artes y la música; y e) las profesiones del área de la salud, economía y derecho. El porcentaje de todos estos representan el 30% en Estados Unidos, cuando 25 años antes no llegaban a alcanzar el 20%. Este grupo de personas se caracteriza, además, por disponer de un nivel importante tanto de poder como de riqueza. Su salario medio es el doble del de un trabajador industrial o el de un empleado del sector servicios.

Ourense, Pontevedra y Lugo están a la cola de España en el llamado índice de talento

El mencionado investigador estadounidense enfatiza que para completar las estrategias de desarrollo es preciso combinar tres rasgos básicos: el talento, la tecnología y la tolerancia. Sobre dichos componentes elabora un índice sintético, llamado de creatividad, que permite comparar y distinguir a los países según sean capaces de atraer, cultivar y movilizar "activos creativos". En España, tales enseñanzas teóricas fueron aplicadas por Pedro Casares en una reciente tesis doctoral presentada en la Universidad de Cantabria.

La metodología de Florida, en primer término, especifica quienes forman parte de las clases supercreativas: el grupo de personas que, aunque no posean alto nivel de educación, desarrollan su actividad laboral en puestos creativos e innovadores. De acuerdo con esta teoría, aquellas ciudades y países que posean un porcentaje mayor de su población perteneciente a estas clases y, en definitiva, que desarrollen su actividad laboral en las ocupaciones más creativas, crecerán a un ritmo más rápido que los demás.

En segundo lugar, si pasamos a definir los rasgos de las tres T, las conclusiones son las siguientes. En lo que concierne al índice de tecnología, se valoran los servicios de alta tecnología, los servicios de telecomunicaciones e infraestructura, además de la capacidad para generar patentes, acceso a Internet y disponibilidad de ordenadores en casa. Las primeras provincias españolas clasificadas por este índice son Barcelona, Madrid y Álava. Las dos primeras gallegas (Pontevedra y A Coruña) ocupan los puestos 29º y 3º4. Entre las cinco últimas del ranking español se sitúan Lugo y Ourense.

Según el índice de talento, definido por las variables de capital humano y capital creativo, esto es, con estudios universitarios, las provincias que se sitúan entre los tres primeros lugares son Madrid, Vizcaya y Salamanca. Las gallegas se sitúan en los puestos 21º (A Coruña), 42º (Ourense), 43º (Pontevedra) y 46º (Lugo).

Y finalmente, el índice de tolerancia, que marca y subraya indicadores relativos a la diversidad (porcentaje de población extranjera), integración (nivel de instrucción de la población extranjera residentes), índice de artistas e índice de homosexuales, hace que las provincias de Madrid, Baleares y Canarias ocupen los primeros lugares. De nuevo A Coruña (20º) y Pontevedra (31º) se sitúan en los lugares intermedios de la lista, en tanto que Ourense y Lugo están en los últimos lugares.

En suma, esta clasificación convencional debe tomarse como aquel indicador que subraya unas condiciones apropiadas para satisfacer las diversas expectativas y nuevas opciones de vida, a la vez que permiten brindar nuevos estímulos permanentes a las personas creativas.

Está comprobado que las personas que disponen de un talento creativo constituyen el motor y el esqueleto para generar economías dinámicas basadas en el desarrollo cultural dentro de un territorio. Ello supone, asimismo, que los lugares que sean capaces de atraer y producir grandes concentraciones de capital creativo permiten mostrar una reducción de costes asociados a la búsqueda del talento, incrementan las externalidades del capital humano y reducen los costes. La resultante de esta dinámica es el mayor incremento de la eficiencia en lo tocante a la producción y a una distribución de nuevas ideas.

El estudio hace mención a que el capital creativo predice mejor el crecimiento que otras medidas tradicionales del capital humano basado en los niveles educativos. También insiste en que el talento juega un papel relevante en la innovación tecnológica y, por tanto, es una variable clave y crucial en el proceso de crecimiento económico. Finalmente, la tolerancia y la diversidad, junto a la Universidad, tienen efectos positivos sobre la atracción del talento. En Galicia, los índices quedan en términos medios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de abril de 2010