Doble delito
En los últimos tiempos estamos asistiendo a un aluvión (y lo que queda, dicen algunos "malintencionados") de casos de pederastia, protagonizados por responsables de la Iglesia católica. El achacar este fenómeno, como dice algún cardenal español, a un afán de desprestigiar a la Iglesia católica suena tan ruin y cómico que no merece la pena perder el tiempo en rebatir semejante majadería.
El delito de pederastia realizado por un cura tiene una doble carga de culpabilidad: la primera, por ser una violación y un abuso basado en el poder que normalmente ejerce un adulto sobre un adolescente. La segunda, mucho más traumática y violenta, viene motivada por el dominio que ejercen estos ministros de Dios desde la autoridad que se autoconfieren al gestionarnos "el más allá" para, a la hora de la verdad, sacar ventajas en "el más acá". En esta segunda carga de culpabilidad la responsabilidad es clara y manifiesta de la Iglesia católica, y es ella la que debe responder ante la sociedad, y no sólo con indemnizaciones económicas.
Cualquier secta que hiciese algo parecido con la reincidencia y perseverancia que lo hacen ellos, quedaría automáticamente ilegalizada en un Estado de derecho.


























































