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Análisis:

La 'recrisis' de Zapatero

Preocupación entre los ministros por el desgaste de su líder - El presidente no aclara si remodelará el Ejecutivo - Sus más cercanos lo ven "poco arropado"

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, atraviesa su momento político más delicado desde que llegó hace seis años a La Moncloa, y algunos de sus ministros y dirigentes más relevantes hablan de "deslealtad". Y no para descalificar a Rajoy. No. Lo hacen para cuestionar a algún compañero. La crisis económica provocó un seísmo mundial y un terremoto en España, que derivó en una caída de la credibilidad del Gobierno en las encuestas. El último CIS refleja un desplome de cuatro puntos el último año y una estimación de voto que no se registraba desde enero de 2004.

Pero el problema es que la sensación interna en el Gobierno es aún peor, sin razones evidentes estas últimas semanas. Es lo que algunos ministros llaman "la recrisis", que personifican en Zapatero, el gran aval, lo que causa aún más inquietud. Sus más cercanos le ven "poco arropado", con ministros desanimados y con problemas de comunicación. Él acaba de cambiar, de nuevo, a su jefe de prensa.

No es un concepto técnico ni político, ni tiene nada que ver con la economía. La recrisis es un estado de ánimo, una sensación, una actitud. No obedece a parámetros objetivos. No tiene nada que ver con que no se gobierne o se produzcan cientos de medidas y muchos decretos. Error. La recrisis es más profunda y peligrosa. No se arregla en el BOE.

Hace año y medio, el panorama internacional era horroroso. Se trasladó a España con el tardío reconocimiento de la situación y con cierta respuesta soberbia del Ejecutivo. Pero aquel error, hoy admitido por todos en La Moncloa y en los ministerios, no se pagó entonces. Tampoco en enero, a comienzos de este año, cuando se agolparon los frentes negativos. El PP apenas se distanciaba entonces en cuatro puntos cuando algunos, incluso en ese partido, defienden que debía haber sido el doble. Pero hay un temor en el PSOE que no reflejan siquiera las encuestas internas del partido.

Es la recrisis. Y se nota en el comportamiento del presidente, en el de muchos de sus ministros, incluso los más valorados, y por tanto en su reconomiento público. A esa ansiedad ayuda también mucho la obsesión del presidente y su equipo por fijarse fechas y plazos de salida de la crisis económica, que no acaban nunca de concretarse. El prestigioso semanario The Economist lo tituló como "Zapatero y el síndrome de mañana".

"Oportunidad perdida" en TVE

Para frenar la recrisis, los expertos en comunicación del presidente consideraron oportuna una amplia entrevista en TVE en horario de máxima audiencia. La habría querido cualquier televisión. Zapatero comparece periódicamente -en los medios, en los mítines y en el Congreso- pero su mensaje global no llega a los ciudadanos. Sólo se escuchan las frases que transmiten las teles (cortes de 20 segundos). La estrategia era evidente. 40 minutos para hablar en directo a toda España frente a tres prestigiosos periodistas de la casa, es decir, de RTVE.

La idea era buena pero no salió según lo esperado. Algunos ministros reconocen con dolor que se trató de una "oportunidad perdida".

Varios dirigentes del PSOE consultados lamentaron el "bajo tono" del presidente y su "falta de confianza" en la primera mitad de la entrevista. Le costó remontar el vuelo tras la primera pregunta directa al mentón de Pepa Bueno, la editora del telediario estrella de la noche, que cuestionó su credibilidad. No entienden cómo no se previó esa pregunta. Y reprochan a su equipo de comunicación que no tuviera preparada una buena respuesta. Las encuestas internas reflejaron que no se cubrieron las expectativas creadas.

Zapatero, muy solo

El presidente gusta de gobernar a su manera. Como todos sus antecesores. Siempre se ha metido en todas las arenas, ha confiado en su suerte y ha delegado lo justo. Móvil en ristre, llama a distintos colaboradores, asesores, amigos, ministros y periodistas para conformarse varias tesis. No tiene sólo un ámbito de influencia.

Varios ministros del núcleo duro del Gobierno confiesan que, por esa manera suya de actuar, por comodidad o porque se han enfrascado demasiado en sus materias, han dejado últimamente muy solo al presidente. Concluyen que no le han defendido lo suficiente y que ellos también son culpables de que haya calado la idea de que no consulta, de que no permite críticas, de que se ha ensoberbecido con su síndrome de La Moncloa particular. Sostienen que eso no es cierto. Y se cruzan acusaciones de deslealtad.

Contra eso, ha surgido otra corriente de dirigentes socialistas que se autoreclaman "el momento de las lealtades", como ha subrayado esta semana el barón extremeño Guillermo Fernández Vara.

De la Vega se queda

El deporte periodístico de las quinielas sobre el próximo Gobierno no cejará en los próximos meses, pero con escasa información de peso. Habrá que esperar hasta que el presidente quiera ejecutar esa crisis. Durante mucho tiempo se ha dado por hecho que habrá remodelación tras el fin de la presidencia europea. Y que varios ministros podrían ser destinados a candidaturas autonómicas o municipales. Tras observar y escrutar a Zapatero, varios ministros y dirigentes del PSOE apuestan ahora porque ese ajuste no se producirá o será menor. Tan menor como el desplazamiento de algún ministro para la candidatura de la presidencia de la Comunidad de Madrid, la única región que con las últimas encuestas en la mano se cree poder recuperar.

Por tanto, la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, no tiene los días contados, como podría parecer si se hace caso de algún ex ministro, como Jordi Sevilla, o de alguno de sus compañeros de gabinete, que la ven "psicológicamente amortizada". Dicen que es, en gran parte por su culpa, porque se ha creído más ella misma que está de capa caída que el resto de los ciudadanos. Para apuntalar esa tesis se aporta el dato del último barómetro del CIS, de febrero, donde obtenía un 4,57, la tercera mejor nota tras Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, muy cerca del aprobado, en un muy mal momento.

"Zapatero no quiere que se vaya, la respeta y considera que cubre un trabajo muy amplio que a veces no es conocido", admite uno de sus compañeros. "Es verdad que ha perdido peso, entre otras razones porque estamos en una crisis económica y tiene una vicepresidenta segunda, Elena Salgado, que sí quiere ejercer en lo suyo, y que no es como Solbes, que no se dejaba coordinar", añade. "Si ella quiere quedarse, se quedará", asegura un miembro de su equipo que reclama para De la Vega un tratamiento más digno a su labor por parte de sus propios compañeros. Y menos impaciente.

Fallos en el equipo de comunicación

Lo cierto es que De la Vega transmite cierto cansancio, es la responsable última de los fallos de coordinación de estas semanas y, aseguran en el entorno del Gobierno, tiene un problema de comunicación. Un problema que padece todo el Gobierno, que ha tenido cuatro secretarios de Estado en esa área en seis años. Para muchos es un fallo de estructura, con un responsable de comunicación que ejerce junto al presidente como su jefe de prensa pero depende orgánicamente de la vicepresidenta, que tiene su propia asesora. De la Vega propuso en su día otra estructura de Gobierno más clara (sólo una vicepresidencia) y Zapatero la rechazó. Para otros, esta carencia es más profunda. Zapatero es su propio jefe de prensa y al lado sólo quiere amigos del pasado o asesores que le coreen sus aciertos. En La Moncloa, los afectados niegan la mayor. Dicen que son muy críticos y que Zapatero les escucha.

"No hay un responsable que hable a diario con los periodistas, que fije criterio, que esté al tanto de lo que se cuece, y no lo hemos tenido desde hace tiempo", confiesa un alto cargo de confianza del presidente. Esas llamadas, efectivamente, son escasas y normalmente sólo para plantear quejas y reproches.

El Gobierno lleva dos semanas con un nuevo secretario de Estado de comunicación, Félix Monteira, ex director del diario Público, que ha exigido a Zapatero poder ejercer de verdad esa responsabilidad y manejar buena información.

No ha dicho que repetirá

En este clima, y con unas perspectivas a empeorar tras las elecciones catalanas y las autonómicas y municipales de dentro de un año, hay un enigma que también inquieta. Y mucho. Zapatero no le ha dicho aún a nadie si piensa repetir o no como candidato en 2012. "Es más, si le preguntaran a día de hoy, seguramente diría que no, porque es una persona de convicciones", aventura uno de sus próximos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2010