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Editorial:

Optimismo y vaguedad

La Comisión Europea exige un ajuste creíble del gasto y una reforma financiera rápida

La Comisión Europea ha valorado acertadamente el Plan de Estabilidad presentado por el Gobierno español para explicar cómo reduciría el déficit público desde el 11,4% del PIB en 2009 hasta el 3% en 2013. Efectivamente, las propuestas "van en la dirección correcta", como tantas otras medidas presentadas por el Gobierno en esta recesión; pero sus previsiones son demasiado optimistas y las medidas propuestas carecen de concreción. El informe de la Comisión pide más detalles que confieran credibilidad al plan y un baño de realismo en las proyecciones macroeconómicas.

La Comisión discrepa en la evolución del PIB en este año (-0,8% frente al -0,3% que calcula el Gobierno) y el próximo (1% de crecimiento, frente al 1,8% que percibe el Ministerio de Economía). Lógicamente, si Bruselas tiene razón, y es muy probable que la tenga, con un crecimiento en torno al 1% en 2011, la media del 3% que prevé el Gobierno para 2012-2013 es una mera entelequia. La afluencia de ingresos públicos sería más reducida de lo previsto y fallaría el ritmo de reducción del déficit. Ésta es una de las consideraciones que avalan la subida del IVA y obligan a considerar que sean necesarias nuevas subidas de impuestos. La otra es la mencionada imprecisión en el plan de austeridad pública. El Gobierno tendrá que explicar muy bien cómo pretende ahorrarse 50.000 millones de pagos públicos sin tocar el coste de los funcionarios; tampoco lo tiene fácil para explicar cómo va a convencer a las autonomías, algunas en pie de guerra contra Rodríguez Zapatero, para que reduzcan el gasto. La Comisión, realista, pide que el ajuste se aplique a municipios y autonomías. Para imponer esa disciplina era tan importante un pacto con el PP, que hoy parece limitado a un acuerdo trivial para aplicar el IVA reducido a la rehabilitación de viviendas.

El optimismo y la imprecisión del plan revelan que el Gobierno tiene un serio problema para gestionar la crisis en el corto plazo. Las reformas a largo plazo, que también reclama la Comisión (educación, I+D, electricidad) se sostienen bien sobre el papel, aunque en la de las pensiones el Ejecutivo ha perdido el pulso con los sindicatos. Pero la angustia inmediata es la falta de empleo y la carencia de crédito para sostener y crear empresas. En este punto el informe de la Comisión también acierta cuando deplora "la lenta reestructuración que se está produciendo en el sector financiero". En este punto decisivo también se aprecia un grave problema de gestión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de marzo de 2010